No hay males ni fortunas que no vengan si no se necesitan.
Lo que pasa está acá todo el tiempo, es la provocación de lo urgente, el llamado inconsciente de la realidad cuando precisa un cambio.
Las cosas que pasan, son lo que antes venía siendo sin verse.
Uno a veces putea diciendo tal vez: "Pero la puta madre que me parió, porque carajo me tiene que pasar esto a mi, y la concha de mi repustísima madre, estoy inundADO POR LA MIERDA DEL MUNDO!!!". Lo peor es que estamos acostumbrados a decir ese tipo de cosas cuando le pasa algo a alguien más, por ej. Se murió tu Mamá, de un cáncer fulminante en el páncreas, sufriendo como si en toda su vida hubiera sido una hija de puta y mereciera algún tipo de dolor insoportable como para empezar a pagar las cuentas, y nos preguntamos porqué nos pasó a nosotros. Le pasó a tu vieja la puta que te parió! preguntate mejor porqué le pasó a ella, o mejor, no te preguntes nada y solo asumí que ese tipo de cosas pasan porque el cuerpo es frágil y puede enfermar. Y si, los hijos de puta se mueren siempre más tarde, no por algo está ese refrán del culo pero cierto que dice que yerba mala nunca muere. Es como si el veneno neutralizara al veneno que trae la muerte y entonces Zas! zafas de esa muerte por un rato más.
Las cosas no nos pasan porque somos el centro del universo y algún ente divino o de la suerte está ocupándose de cagarnos la vida. De hecho puede que si dejáramos de sentirnos el centro podamos visualizar un poco más claro que lo que pasa, es lo que tiene que pasar aunque joda.
Todo esto si pasa algo que consideramos malo, pero cuando nos pasa algo bueno no decimos nada no? nos hacemos los pelotudos, silbando para disimular, con miedo a que no sea eso lo que debería haber pasado, muchas veces con el culo sucio y mirando de reojo por si el destino se da cuenta y viene a sacudirnos para sacarnos lo que nos trajo.
Todo lo que pasa, pasa y no se cambia. Nos resta seguir adelante con todo lo que sigue estando. Ojo, que si no nos damos cuenta y nos subimos a ese bondi en los asientos que miran para atrás, se nos puede pasar de largo lo que viene y también lo que está.
No olvidar, pero tampoco no dejar partir.
Las cosas que pasan son las que nos tienen que pasar, hay algo allá afuera que todavía no pasó que nos da la cuenta de que lo que nos haya pasado nos dejó aprender, si supimos, para lo que viene.
Cuento lo que quiero contar
martes, 22 de mayo de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
Del amor y del odio
Del amor decantan las peores desgracias pero también lo mejor de riesgos y de triunfos.
Del odio salen a flote los mejores sentimientos contrarios y los peores decires de la inconsciencia.
Del amor sale el fuego que quema un cuerpo y dos manos, pero también la sombra que cubre y refresca.
Del odio rebalsan impotencias que culminan en vidas acabadas pero también una consciencia de que los opuestos conviven inevitablemente.
Del amor pierden las almas eternas, pero gana la vida finita.
Del odio aprenden los que ya no creen en el amor y se encandilan y entonces ya no ven amor.
En el amor se encuentra odio.
En el odio hay amor infinito.
Del odio escapan verdades que irritan, ese es el intolerante.
Del amor decanta cual piedra en la arena el poeta de feria barata.
Del odio cae como fruto, en silencio, el silencio.
Del amor sobrevive la desdicha, que se aprovecha del esperanzado y lo cuela de sangre y anhelos.
Del odio se vienen acercando la verdad y la mentira.
Del amor se alejan a veces, la verdad, o la mentira.
En el amor de verdad está implícita la verdad, que puede parecer odiosa.
En el odio de verdad aparece la verdad, que no es de odio, tampoco de amor.
Un extremo tiene también todas las cualidades del otro.
viernes, 6 de enero de 2012
De abismos y de alturas (versión corta)
En reposo, estoy en el centro. Es bueno estar en el centro para mí, porque me da como posible, las opciones de poder ver hacia arriba y hacia abajo, y también y aunque a veces, me deja avanzar y retroceder, pero a no confundirme, que tales cosas como subir, bajar, avanzar o retroceder son relativas y podrían funcionar sin darme cuenta, con alguna reacción adversa.
Despojarme y revolcarme en cualquier abismo no es tarea fácil si soy de los comprometidos que siempre quieren tocar fondo porque son estos los que muchas veces terminan perdiendo, incluso más que el que no arriesga.
Es cierta la frase que dice que el que no arriesga no gana pero no en todos los casos, hay veces en las que los infelices, de ahora en más vamos a llamar así a los inconscientes, a los faltos de compromisos consigo mismo, consiguen la suerte de recibir, como una pelota que rebota en una pared y antes fue echada a la suerte por alguno del otro grupo, a la oportunidad, a la fortuna, al número ganador, aunque es bien cierto también que no siempre esta clase de gente está preparada para recibir semejante dicha y por esa razón, la termine perdiendo casi sin diferencias perceptibles entre estos y aquellos que decíamos que comprometidos, terminan perdiendo. La diferencia entre estos es el abismo mismo, más no se nota a simple vista.
Los que pierden pero consiguen mantener la voluntad fuerte siguen adelante, otros, mueren en el alma que es la peor de las muertes. Somos humanos y hay poco que hacer contra cosas de este tipo.
Dejarme ser es casi perder muchas de las veces, pero también es mucho para ganar.
En cuanto a ir para arriba, primero debería definir el concepto de ir para arriba y de apuntar hacia donde quiera ir. Ir para arriba es ascender de manera vertical o de otras maneras posibles, ese es un concepto fácil de entender en la práctica del cuerpo pero no tanto a la hora de a esto darle un sentido práctico para el espíritu.
Fácil se presta a cualquier confusión y mal manejo de las prestaciones de la suerte esto de subir o elevarse o crecer. A veces hacer este tipo de cosas es primero ir hacia abajo y hasta el fondo. Algunos, bien conocidos muchos de los casos, entienden a veces dando cuenta y otras no tanto, esto del progreso vertical, de manera que terminan con los bolsillos ricos pero con las almas pobres.
Me estoy diciendo que la puntería a veces falla y otras veces, son las personas las que apuntan hacia otras objetivos.
Ir hacia arriba es llenarme el alma, conocerme en espacios vacíos y a estos, darles de comer uvas y frambuesas, alumbrarlos con luces y porqué no con algunas certezas. Y aunque el verso no fue buscado por algo fue verso.
Ir hacia arriba tal vez quiera decir que debería procurarme amplitud, reflejos y conquistas. Siempre adentro mío, siempre entre todas las cosas que puedo ser.
Despojarme y revolcarme en cualquier abismo no es tarea fácil si soy de los comprometidos que siempre quieren tocar fondo porque son estos los que muchas veces terminan perdiendo, incluso más que el que no arriesga.
Es cierta la frase que dice que el que no arriesga no gana pero no en todos los casos, hay veces en las que los infelices, de ahora en más vamos a llamar así a los inconscientes, a los faltos de compromisos consigo mismo, consiguen la suerte de recibir, como una pelota que rebota en una pared y antes fue echada a la suerte por alguno del otro grupo, a la oportunidad, a la fortuna, al número ganador, aunque es bien cierto también que no siempre esta clase de gente está preparada para recibir semejante dicha y por esa razón, la termine perdiendo casi sin diferencias perceptibles entre estos y aquellos que decíamos que comprometidos, terminan perdiendo. La diferencia entre estos es el abismo mismo, más no se nota a simple vista.
Los que pierden pero consiguen mantener la voluntad fuerte siguen adelante, otros, mueren en el alma que es la peor de las muertes. Somos humanos y hay poco que hacer contra cosas de este tipo.
Dejarme ser es casi perder muchas de las veces, pero también es mucho para ganar.
En cuanto a ir para arriba, primero debería definir el concepto de ir para arriba y de apuntar hacia donde quiera ir. Ir para arriba es ascender de manera vertical o de otras maneras posibles, ese es un concepto fácil de entender en la práctica del cuerpo pero no tanto a la hora de a esto darle un sentido práctico para el espíritu.
Fácil se presta a cualquier confusión y mal manejo de las prestaciones de la suerte esto de subir o elevarse o crecer. A veces hacer este tipo de cosas es primero ir hacia abajo y hasta el fondo. Algunos, bien conocidos muchos de los casos, entienden a veces dando cuenta y otras no tanto, esto del progreso vertical, de manera que terminan con los bolsillos ricos pero con las almas pobres.
Me estoy diciendo que la puntería a veces falla y otras veces, son las personas las que apuntan hacia otras objetivos.
Ir hacia arriba es llenarme el alma, conocerme en espacios vacíos y a estos, darles de comer uvas y frambuesas, alumbrarlos con luces y porqué no con algunas certezas. Y aunque el verso no fue buscado por algo fue verso.
Ir hacia arriba tal vez quiera decir que debería procurarme amplitud, reflejos y conquistas. Siempre adentro mío, siempre entre todas las cosas que puedo ser.
martes, 1 de noviembre de 2011
Nunca en segunda
Me gusta hablar en tercera o en primera y nunca en segunda. Puede que vos no me gustes, entonces siempre imagino que sos él o que soy yo, porque en definitiva es posible que todos seamos todos en algún momento. Si hablo de grupos me gusta hablar de nosotros o de ellos o aquellos pero nunca de ustedes, aunque algunas veces pueda nombrarlos, ustedes seguro no van a gustarme, y tal vez sea probable que algún día todo eso que son ustedes lo seamos todos, y ahí, puedo entonces alejarme como suelo hacerlo en el pensamiento.
Me gusta ser yo o pensar que puedo ser él o nosotros juntos o que aquellos son el ideal de algo, pero no vos, ni ustedes, los desesperados, los por siempre desesperanzados. Malditos sean.
Me gusta ser yo o pensar que puedo ser él o nosotros juntos o que aquellos son el ideal de algo, pero no vos, ni ustedes, los desesperados, los por siempre desesperanzados. Malditos sean.
viernes, 21 de octubre de 2011
El Fracasado
Los fracasados siguen fracasando en el mundo hoy, solo porque sienten que el fracaso es dueño de sus vidas, pero son así, la suerte, la familia, y la manera de procesar experiencias los hicieron así. Casi como una maldición, repiten errores y caen en todas las trampas que el destino puede dejarle por delante. Ojo, no se confunda al fracasado con el que nunca tuvo una oportunidad, o tuvo pocas y ninguna que valiera la pena o le trajera la suerte de su lado. La desgracia llama desgracia, el fracaso y lo asumido de la persona en ese rol, trae fracaso.
No se venga creyendo que el fracaso no es un trabajo duro porque sí que lo es, si señor, el fracaso una y otra vez es para los que nunca se rinden, para los reyes ocultos, para las almas que tienen que aprender a los golpes el significado de algún triunfo al pasar.
Para fracasar hay que tener aguante. Aguante el aguante!
El fracasado es un luchador interminable y de una fuente casi inagotable de voluntad para seguir adelante y a través de sus derrotas en seguidilla.
El fracasado es el que más sabe de éxitos. Cuando consigue lograr algo, no lo siente como algo de todos los días y lo disfruta como tal. El ganador, en cambio, revela al éxito como algo cotidiano y va dejando que pierda importancia el hecho de salir victorioso. Cuando el ganador repite este tipo de actitudes a lo largo del tiempo cae en el pozo de las depresiones más grande y angustiante de todos: El inconformismo superficial.
El fracasado es el siempre dispuesto a intentar, el sin miedo, el arriesgado. Claro, todo fracasado conoce de desilusiones y una posibilidad nueva de llevarse una más no hace la diferencia y por eso es valioso en lo referente a los éxitos más grandes en la historia de la humanidad. Todo genio exitoso también formó parte del gremio de los fracasados.
En el conurbano Sur existió una vez un grupo llamado ¨los fracasados¨. Ellos se juntaban a evaluar las historias de fracasos en sus vidas y a intentar encontrarles la vuelta para al menos llevarse de cada una un aprendizaje.
El fracasado siempre vuelve al ruedo a intentar una vez más no caer del caballo que ya está cansado, pero que todavía puede dar batalla, y cae. Otra vez.
Fracasado, pero fracasado como quién lo nombra y se lo cree, es el que sabe callar cuando no tiene nada interesante y quién sabe perder. Saber perder es importante porque eso a la larga te hace ganar y ellos lo saben.
Los fracasados clásicos son cada vez más inteligentes, más no el fracasado pelotudo y tampoco el fracasado sin amor propio.
Hey fracasados!!! sigan así.
Ojo, estoy hablando del tema imaginando al fracasado de alma experimentada. No se vaya a pensar que meto a todos los fracasados en la misma bolsa. Como en todos los rubros como puede ser el de los ganadores, los conformistas, los intolerantes (ya vamos a hablar de estos), los poderosos, los talentosos o lo que sea que se quieran imaginar hay de todo: de sentimientos nobles, vagos, forros pelotudos, derrotados, desinteresados, interesados, perpetradores de planes de victoria o de pérdida, empecinados, confabuladores, espectadores, ensimismados… de todos.
Ninguna clasificación puede encerrar a los clasificados en la misma bolsa. O los porteños somos todos iguales? gracias a la suerte no soy igual a vos y vos tampoco sos igual al que tenés al lado y no podes ni ver. Imaginemos a un talentoso empecinado y a uno ensimismado. Es lo mismo? no, claro que no. El talentoso empecinado termina cayendo como el orto a todo el mundo, el ensimismado en cambio no le termina cayendo del todo a nadie porque es tímido hasta el punto de no comunicar absolutamente nada o muy poco.
En fin, solo usé a los fracasados de ejemplo, lo que quería decir es que lo que importa no es en que rubro podrías encajar, lo que me importa a mi es que tipo de gente sos. A mi me gusta la buena gente, los demás que se curtan solos.
viernes, 14 de octubre de 2011
Milanesa, la revancha
… No apareció durante algunos meses.
Milanesa habitaba nuestro recuerdo fresco como una lechuga pero de aparecer, nada.
Nada de nada.
Siempre nos acordábamos y nos cagábamos de la risa de lo que había pasado ese día en el que nos encontramos con él por primera vez. Se sabe que los chicos siempre acaban riéndose de cualquiera de sus aventuras aún cuando suponían algún peligro, como en este caso, era vérselas con un vago desconocido.
Se estaba acabando el verano y con él las vacaciones así que aprovechábamos para estar juntos la mayor parte del tiempo que fuera posible.
Un día, jugando a pegarle a los pajaritos que se posaban sobre los árboles con bolitas de esas verdes que todos los pibes arrancaban de los árboles que las tenían y con gomeros hechos de ruleros y globos, Juanca lo vió venir.
Hey! miren! milaneeeeeeeeeeeeeeesssssa! gritó, y entonces otra vez, nos quedamos callados mirando como venía, como la primera vez.
Estaba ya cerca y nos vió y nos reconoció pero no nos dió pelota, como si nada hubiera pasado.
No tenía encima el balde que nos había robado y tampoco llevaba la campera verde militar sino que llevaba puesta una remera negra. Tampoco tenía su bolsa de arpillera, en cambio llevaba varias bolsas llenas de vaya uno a saber que cosas. El pantalon y las ojotas eran las mismas.
Esta vez fué Juanca el que empezó todo, y yo lo había pensado segundos antes, pero para arrancar este tipo de hazañas era medio cagón. Sí, seguía a quién fuera mi amigo en cualquiera de estas y algunas veces me arriesgaba primero, pero con Milanesa no pude ni una.
Le pegó un gomerazo en la cabeza que le hubiera dolido a cualquiera, y es este acto y en este segundo el que forjaría en el pecho del vagabundo como a fuego, el odio eterno.
Rajemos! dije apenas pudo salirme la voz, y asustadísimos corrimos antes de que Milanesa pudiera reaccionar.
Nos corrió un par de cuadras. Cansado se paró y empezó a putearnos, y nosotros nos paramos y empezamos a escucharlo. Su voz, si la recuerdo ahora, sonaba aguda de impotencia, al borde del llanto, como si tanta derrota en la mochila se agudizara aún más con el actuar de una manga de pendejos que nada sabía todavía de derrotas y de angustias devenidas.
Fué ahí cuando Manu le dijo en un grito de culpa sincera y de arrepentimiento y que nos ocupó a todos: Perdón!!!. Un pibe no sabe más que decir esa palabra en esos momentos, de la vergüenza o de la angustia o de las pocas palabras que sabe llevar encima, pero fue de verdad y Milanesa, se dio media vuelta y parecía que se iba pero no, se agachó durante unos segundos e hizo esto: agarró unas cuantas piedras de la calle y volvió a la carga y tirándonos piedrazos con todas sus fuerza y hasta nos pegó a algunos. Como decía, el gomerazo en la cabeza no lo perdonaría nunca.
Volvimos al rato un poco lastimados de los piedrazos los que los habíamos recibido pero lo que más dolía, y a todos, era la angustia.
Maldito Milanesa, si quería guerra y seguía pasando por nuestra cuadra, iba a tenerla.
martes, 4 de octubre de 2011
De idas y vueltas
Casi el vacío que llega luego de una filtración que pasó de largo bajo la mirada distraída de un par que se creyeron audaces e imposibles de vencer.
El fuego apagándose y la desesperación.
Ventilar las brasas como un loco con la esperanza de tener la mínima chance de que pudieran encenderse los leños de nuevo.
El amor a punto de caer.
Sentirse de a poco en el vacío profundo de la no compañia trae demasiado cerca a la nada.
Sentirse de a poco en el vacío profundo de la no compañia trae demasiado cerca a la nada.
La soledad.
Que el pensamiento no actúe de tanto desequilibrio.
Que el pensamiento no actúe de tanto desequilibrio.
Sentirse desorientado en el espacio y ver como se pierde todo.
La vida errada.
La opresión en el espacio, la angustia que pasa de ser sensación, a pegar directamente en el cuerpo, el no poder contener lo que ya no quiere contenerse.
La opresión en el espacio, la angustia que pasa de ser sensación, a pegar directamente en el cuerpo, el no poder contener lo que ya no quiere contenerse.
El agua que se cae.
Una sensación de primera vez.
Una sensación de primera vez.
Re-comenzar luego de haber olvidado algunas cosas y vaya cada uno a decirse el porqué.
De nuevo el amor.
Otra distracción.
Tanto amor no puede dejarse al azar.
Cuidarlo todo como el tesoro más grande.
Eso.
viernes, 19 de agosto de 2011
Arte si, Arte no
Esto está lleno de ideas sueltas, puede que a primera vista inconexas o desubicadas en su orden solamente, como una canción revoloteando confundida en cualquiera de los infiernos, o algún demonio hundiéndose en alguna nube culpa de no llevar las alas puestas.
Lo que probablemente lleve a un artista a serlo sea la primer inspiración de aire en este mundo, el primer atisbo de reconocimiento inconsciente de todo lo que nos rodea, el primer shock, el primer golpe de realidad que nos lleva a gritar desconsolados, furiosos, enfermos de impotencia, depresión y consternación, amor sin saber a qué todavía, la sensación que nos toma por sorpresa y que son todas las sensaciones juntas en un solo instante y que después nos permite y de a poco, con los años, ir descubriéndola. El artista nace incluso un instante antes de tomar nuestra primer dosis de realidad.
Todos somos artistas desde antes de nacer. El Ser es un Ser Artista.
Algunos saben reconocerlo, hacerlo crecer, usarlo y hacerlo carne en el cuerpo, y hacerlo aire en el espíritu. Otros lo pierden, no lo dejan vivir por ignorancia o por definición equivocada. Quién lo reconozca que lo deje contento que él se pone contento y hace grandes muchas de las cosas solo con un guiño cómplice, quién no... que la vida se apiade.
Muchos dicen que el artista debe sufrir para crear las mejores obras, de hecho no son muchos sino muchísimos los que hablan de que la conexión entre el artista y la obra de arte como finalidad debe, para poder ser inspiración creativa, tener como base algo de congoja del alma en cualquiera de los sentidos que puedan imaginarse. Yo sin embargo creo en el arte que nace desde cualquiera de las sensaciones humanas, tanto de la angustia como de la alegría, de la tristeza o del festejo, de la desolación o de la algarabía y también del arte que nace desde cualquier sensación que pueda encontrarse entre medio de cualquiera de las anteriores.
Creo en el arte. Y es tanto lo que creo en el arte que me terminé creyendo que cualquiera que pueda imaginar algo puede empezar a vivirlo, empezar a crearlo, a pensarlo y a manejarlo desde cualquier punto de vista si se es lo suficientemente inteligente, inclusive sin caer entre las redes de algo que al final, como todo arte, es ajeno a uno mismo.
El hecho artístico va también más allá de la lógica de la personalidad del artista en muchos de los casos. El creador lleva el peso de la responsabilidad de poder discernir entre su persona y su creación y no permitir que tal creación afecte su capacidad para ser quién es desde tiempos anteriores, y si se confunde lo que un día vió no lo ve más, mañana ve de nuevo, y el tiempo pone todo en su lugar, a las patadas en el culo o como sea necesario.
Somos lo que fuimos y lo que pensamos en la soledad de lo real, y somos lo que compartimos con nuestros amores de la vida y no siempre lo que puede verse en nuestro arte. La obra acabada lleva adelante su propia vida y puede ser nuestro semejante o todo lo contrario. Confundir como semejantes Ser humano-artista y obra acabada, o que todo lo que hay en el medio es común, nos puede hacer entender algunas cosas como no son.
Es difícil reconocer un hecho artístico en su totalidad, pues podría hasta parecer una burla demente o un disparate o porque no, confundirselo con la persona creadora de tal hecho como real, o sea, pretender saber que el personaje vive gracias a sentimientos reales e idénticos de la persona. Que la imaginación no se confunda con lo real! que así no sea!. La imaginación debe ser puesta a correr en libertad por cualquiera de los caminos conocidos y también sobre los desconocidos.
Somos capaces de crear, recrear, modificar, e incluso matar y volver a dar vida a lo que no somos en la realidad. Podemos pensar y atravezar lugares que hasta podríamos detestar, porque el arte es entre otras cosas eso también, ser y no ser, jugar, arriesgarse a entrar en mundos desconocidos, aventurarse dentro de pensamientos ajenos y es también reírse irónicamente y decir irónicamente. El arte es también un juego arriesgado.
Una servilleta o un cuaderno y frente al piano, una guitarra y tres acordes o una idea que luego se olvida y vuelve cuando quiere.
Porque es así como veo que las ideas no son nuestras, a las ideas las atrapamos con el inconsciente porque vuelan en lo invisible de las corrientes del aire.
El artista, la pulsión creadora, el espacio común, el hecho artístico como deseo de vivir, la obra acabada. La vida nueva.
La única obra de arte que es nosotros es nuestra vida más allá de las canciones, de las pinturas, de los personajes, de los cuentos... de la fantasía. La realidad de todos los días que vamos creando y recreando, con hijos o sin hijos, con amores conectados para siempre u ocacionales, con padres o con muertos y recuerdos del bien y del mal, con hermanos o con amigos, con uno mismo.
Arte es una flor en el silencio, hija de un padre distinto, a veces con ideas compatibles. Otras, nada que ver.
Arte es cazar mariposas en primavera con una red que no lastima y que nos deja ver lo diferente.
Arte es dar vuelta una página abrazando la emoción que trae lo desconocido.
Arte es percibir reflejos y regalarlos a las almas sin espejos.
Arte es enamorarse.
Arte es todo.
jueves, 28 de julio de 2011
Playa vacía
Un hombre con una valija de estudiante de los 70' de color marrón se viene acercando lentamente y con la mirada atenta hacia la señorita ubicada cerca de la orilla, sola ella.
El hombre llevaba una remera blanca con una tabla de surf roja estampada en el centro, pantalones largos de algodón color azul y ojotas que una vez fueron blancas como la remera pero que ahora están teñidas de manchas marrones o negras por el paso del tiempo y de la tierra. El hombre llevaba el pelo largo, o lo que le quedaba, porque por delante tenía poco. Podía uno dar cuenta a primera vista de que en ciertos sectores de la cara tenía pelo de barba. Debajo de la barbilla, otro poco en el costado izquierdo del labio superior, una patilla más larga que la otra... en fin, estaba mal afeitado. Los ojos eran de verde profundo y una zanja los rodeaba como una cerca construida hacia abajo. La sonrisa llena de espacios vacíos se notaba porque el hombre venía con la boca abierta como en un momento de esos en los que uno sonríe por sorpresa o exaltación repentina. Las manos, una abierta con la esperanza de percibir el deseo y tomarlo por sorpresa y la otra sosteniedo la valija bien apretada.
La mujer estaba sola, en algún momento había sido abandonada. Cubierta por una frazada con un motivo de cuadrados pequeños de distintos colores, llevaba debajo una polera gris como el cielo de ese momento, jeans azules y zapatillas negras. Sus brazos estaban cruzados y sosteniendo la frazada que le traía la sensación de abrigo de amor de primavera. Miraba con ojos aparentemente vacíos el horizonte y tiritaba al ritmo del ulular del viento sobre el agua.
El tiempo iba a ser bueno, pero era temprano y el día anterior había llovido. Todavía no despejaba completamente y el sol no había dado la cara al mar por estos parajes. Salvo por estos dos no había más que un perro por allá lejos.
Ese perro ha de estar pensando Estoy solo en esto que aprendí que se llama playa, tengo frío y mi amo, quién yo pensaba como mejor amigo en este mundo se fué. Qué habrá sido de él Dios mío, que habrá sido... Antes tenía una buena vida, daba vueltas alrededor de mi cama, tenía comida y agua cuando necesitara, algunas caricias, juegos. Una casa tenía. Una familia. Ahora estoy solo en este mundo distinto, este mar es de sueños pero vengo pisando esta arena húmeda, e intentando robar comida y correr para luego comer tranquilo con el único propósito de no morir del hambre que me aqueja. Que habrá sido me pregunto. Habrá desaparecido todo. No puedo pensar en el abandono.
Está claro que los perros no piensan, pero es este un reflejo de la sensación de angustia que el perro no sabe preguntarse ni contestarse qué es. Si el perro pensase y pudiera racionalizar sus palabras posiblemente hubiera acudido al suicidio por depresión.
Cuando el hombre se para a un lado, ella solo lo mira y vuelve a lo que estaba haciendo. El hombre se arrodilla con una sola pierna y la otra flexionada con la planta del pie apoyada completamente sobre la arena, le sonríe, abre la valija y le ofrece comprar un perfume. En su valija lleva fragancias de hombre y de mujer. Espera en silencio.
Ella le dice: No traigo dinero encima, él le responde: No importa, es un obsequio, ella le dice con una sonrisa: gracias, vos los usás?, él le responde: no, estos perfumes son baratos y para barata estás vos.
Antes de que pudiera llegar a concretarse la cara de sorpresa en esa señorita sentada en la playa y abrigada con una frazada a cuadrados de colores, el hombre le acierta una trompada al mentón con todas sus fuerzas. La mujer cae. Él abre sus piernas y se sienta sobre el abdomen de la señorita que de la trompada quedó recostada, y le da varios golpes más todos en la cara y cuello. Ella ya no intenta una defensa eficaz, de hecho fué tanta la sorpresa que ni por un segundo logró defenderse como debiera. Cuando estuvo al borde de la inconsciencia, el hombre la tomó por los pelos y la arrastró por la arena hacia el médano más próximo cubierto de matorrales. Atrás había quedado la frazada. Gracias a ella y al rastro sobre la arena podrán encontrarla.
El hombre llegó a su casa cerca del mediodía con la sonrisa viva y el espíritu cansado. Se recostó en un sillón cubierto de ropa sucia y durmió.
jueves, 21 de julio de 2011
Dormir solo
Era la primera vez que iba a dormir solo y con la luz apagada y Madre ya le había contado el cuento de la noche; Madre casi siempre le contaba el mismo cuento pero con variantes y a él eso le encantaba. Una día podía morir quien era rey sabio, otra nadie moría, a veces, el giro de la historia no llegaba a ninguna parte pero estaba bien porque la historia era larga y para cuando se necesitara empezar a darle cierre Hernán ya estaba dormido y soñando. Madre le contaba esa misma historia por un lado para que él se sintiera reconfortado con lo conocido y por otro, para que también se encontrara con las sorpresas de un nuevo movimiento en la historia de los personajes que ya conocía. Muchas veces había soñado con el mono loco y con la princesa esclava y también con aquellas serpientas mensajeras que recorrían las tierras de Anhedonia para encontrar la magia que pudiera convertir a sus reyes del demonio en quienes supieran dar alegría a su gente.
Madre le había dado el beso de las buenas noches, pero esta noche todo estaría cambiando. Hernán por primera vez deberá dormir con la puerta cerrada y la luz apagada.
Hernán tiene 6 años y desde al menos 4 duerme solo en su habitación con una luz encendida y la puerta abierta. Hernán casi todas las noches despertó y del miedo salió corriendo hasta la habitación de los padres, en donde puede dormir con la tranquilidad de que nada va a atacarlo.
Madre durmió con él algunas veces en las últimas dos semanas, pero a la madrugada cuando se despertaba ya no estaba. Esta noche le tocaba empezar a conocer algo nuevo, comenzar a vivir otras experiencias y dormir solo, con la luz apagada y la puerta cerrada o entreabierta, según las palabras de Padre.
Padre las últimas tres noches se quedó con él toda la noche. Hablaban un rato y luego apagaban la luz y Padre le contaba de todo, de cada ruido y de cada sombra. La primera noche durmió con él en la cama, la segunda en cuanto se durmió se acostó en el suelo con una frazada y una almohada, y a la tercera cada uno durmió en su lugar.
Luego del beso de Madre y la pasada de Padre para dar también un beso con deseo de buenas noches, Hernán se quedó solo y cobijado por el acolchado de color azul a rayas blancas, con la puerta cerrada que dejaba ver por debajo que la lámpara del pasillo todavía estaba encendida y con la habitación prácticamente a oscuras salvo por la luz de luna que entraba por la ventana y que apuntaba directo al baúl de juguetes.
Hernán no podía cerrar los ojos. Sus pupilas agrandadas por la falta de luz y con la colaboración de aquel reflejo lunar que caía desde la ventana, lo ayudaban a ver todo.
-No quiero ver nada y dormirme rápido, se decía a si mismo, pero no podía lograrlo ni en cien años en ese estado y él lo sabía. Entonces comenzó a mirar su habitación por primera vez a oscuras y en silencio, y eso que ya era mucho y le pesaba, empezó a darle miedo; un miedo que nacía en el diafragma y le impedía conectar con el ejercicio de la respiración y que también lo llevaba a taparse casi completamente, con los ojos, la frente, el pelo y la punta de las orejas solamente descubiertos y porque tenía la intención de ver que era lo que pasaba por ahí, que se sabe bien que cuando uno no ve en la oscuridad, las cosas cobran vida.
Recordó que Madre le había dicho que se intentara mantenerse tranquilo, que si miraba con calma vería que todo lo que puede parecer monstruoso no lo era en verdad, que eran las mismas cosas que se ven de día, pero que la noche puede transformar hasta lo más inocente en el peor de los peligros. Las palabras de Madre y la compañia de Padre las últimas noches posiblemente no fueran suficiente alivio. La luz del pasillo se apagó.
Transpiraba. Estaba transpirado desde los pelos hasta la punta de los pies, y detenía la mirada inocente de niño en cada una de las cosas y esa mirada, se iba coloreando de los sentidos que agudizan su capacidad cuando uno siente cerca el peligro.
La puerta del ropero estaba apenas abierta. No se movía ni para cerrarse ni para abrirse y se dijo que lo único que había ahí dentro era ropa y juguetes viejos y no monstruos. Vió que un pequeño resplandor salía desde adentro, por entre la ropa y pestañeó varias veces bien fuerte y el resplandor desapareció. No, monstruos no. Observó que el baúl de los juguetes también estaba abierto. Él hubiera jurado que lo había cerrado y eso, junto con los reflejos de la luna que proyectaba sombras fantasmales de todo tipo al iluminar tantas figurillas de juguete hicieron que sintiera un terror repentino. Empezó a temblar, y los músculos de las piernas con espasmos que no podía controlar hacían temblar la cama, los brazos cansados pero duros como nunca de la tensión, los ojos abiertos como agujeros sin fin, la cabeza con movimientos leves, casi imperceptibles, que iba hacia adelante y hacia atrás... una inspiración rápida y violenta. Otra. La tercera lo hizo reaccionar en pocos segundos y entonces entendió solo al rato y bajo sospechas, que solo eran sombras proyectadas de los muñecos sobre la pared gracias a la luz de luna y que no debía tener miedo a lo que solo era una sombra. Tardó minutos que parecieron horas en reestablecerse la sensación de normalidad en su cuerpo. Después de deliberar unos minutos decidió levantarse de la cama para cerrar la puerta del ropero y también el cajón de los juguetes. Era un chico valiente, de eso no hay ninguna duda. Primero se destapó completamente, luego apoyó un pie en el suelo, luego el otro, lento decidió incorporarse y dar un primer paso con la mayor cautela. El segundo paso encontró un roce, algo lo había tocado en su pie izquierdo para tomarlo por sorpresa y hacerle las peores cosas imaginadas desde siempre por nadie y por todos. Intentó correr, pero sin la conciencia de saber hacia donde y tropezó enseguida con un golpe de la rodilla derecha contra la punta de la cama. Cayó mirando hacia el lugar en el que se encontraba quién lo había tomado del pie... y no había nada. La rodilla por suerte no la pasó tan mal. Fué solo el susto. El pie recibió el roce de uno de sus muñecos tirado en el suelo... Hernán sonrió nervioso y se levantó. Parado en medio de la habitación por fin se decidió y se acercó rápidamente a la puerta del ropero y la cerró. Y se acercó al baúl de los juguetes y lo cerró también. Pensó en que Padre y Madre estarían felices por él y también pensó, todavía parado a un costado del baúl de los juguetes, en como contaría a sus amigos su primera experiencia nocturna a oscuras y en soledad, y se sintió bien. La mayoría de sus compañeros todavía no dormían a oscuras como él, y algunos todavía tampoco duermen solos.
Decidió acostarse y dormir. Esta vez se tapó solo hasta el cuello pero no pudo con eso de dormir y siguió atento a cada rincón de la habitación, no sea cosa que existan de verdad todos sus miedos pero que solo se animen a cobrar vida más entrada la madrugada y que lo atrapen por sorpresa... Al rato no pasaba nada. Nada se movía. Nada levantaba sospechas. Nada hacía ruido dentro de la habitación. A cada sombra, Hernán aprendió a encontrarle el objeto del cual provenía. Recorrió muy lento toda la habitación y todo, absolutamente todo estaba en orden. Le dolía la pierna un poco pero no importaba. Sus ojos empezarón a cerrarse, él a sentirse cómodo... al final durmió.
Madre le había dado el beso de las buenas noches, pero esta noche todo estaría cambiando. Hernán por primera vez deberá dormir con la puerta cerrada y la luz apagada.
Hernán tiene 6 años y desde al menos 4 duerme solo en su habitación con una luz encendida y la puerta abierta. Hernán casi todas las noches despertó y del miedo salió corriendo hasta la habitación de los padres, en donde puede dormir con la tranquilidad de que nada va a atacarlo.
Madre durmió con él algunas veces en las últimas dos semanas, pero a la madrugada cuando se despertaba ya no estaba. Esta noche le tocaba empezar a conocer algo nuevo, comenzar a vivir otras experiencias y dormir solo, con la luz apagada y la puerta cerrada o entreabierta, según las palabras de Padre.
Padre las últimas tres noches se quedó con él toda la noche. Hablaban un rato y luego apagaban la luz y Padre le contaba de todo, de cada ruido y de cada sombra. La primera noche durmió con él en la cama, la segunda en cuanto se durmió se acostó en el suelo con una frazada y una almohada, y a la tercera cada uno durmió en su lugar.
Luego del beso de Madre y la pasada de Padre para dar también un beso con deseo de buenas noches, Hernán se quedó solo y cobijado por el acolchado de color azul a rayas blancas, con la puerta cerrada que dejaba ver por debajo que la lámpara del pasillo todavía estaba encendida y con la habitación prácticamente a oscuras salvo por la luz de luna que entraba por la ventana y que apuntaba directo al baúl de juguetes.
Hernán no podía cerrar los ojos. Sus pupilas agrandadas por la falta de luz y con la colaboración de aquel reflejo lunar que caía desde la ventana, lo ayudaban a ver todo.
-No quiero ver nada y dormirme rápido, se decía a si mismo, pero no podía lograrlo ni en cien años en ese estado y él lo sabía. Entonces comenzó a mirar su habitación por primera vez a oscuras y en silencio, y eso que ya era mucho y le pesaba, empezó a darle miedo; un miedo que nacía en el diafragma y le impedía conectar con el ejercicio de la respiración y que también lo llevaba a taparse casi completamente, con los ojos, la frente, el pelo y la punta de las orejas solamente descubiertos y porque tenía la intención de ver que era lo que pasaba por ahí, que se sabe bien que cuando uno no ve en la oscuridad, las cosas cobran vida.
Recordó que Madre le había dicho que se intentara mantenerse tranquilo, que si miraba con calma vería que todo lo que puede parecer monstruoso no lo era en verdad, que eran las mismas cosas que se ven de día, pero que la noche puede transformar hasta lo más inocente en el peor de los peligros. Las palabras de Madre y la compañia de Padre las últimas noches posiblemente no fueran suficiente alivio. La luz del pasillo se apagó.
Transpiraba. Estaba transpirado desde los pelos hasta la punta de los pies, y detenía la mirada inocente de niño en cada una de las cosas y esa mirada, se iba coloreando de los sentidos que agudizan su capacidad cuando uno siente cerca el peligro.
La puerta del ropero estaba apenas abierta. No se movía ni para cerrarse ni para abrirse y se dijo que lo único que había ahí dentro era ropa y juguetes viejos y no monstruos. Vió que un pequeño resplandor salía desde adentro, por entre la ropa y pestañeó varias veces bien fuerte y el resplandor desapareció. No, monstruos no. Observó que el baúl de los juguetes también estaba abierto. Él hubiera jurado que lo había cerrado y eso, junto con los reflejos de la luna que proyectaba sombras fantasmales de todo tipo al iluminar tantas figurillas de juguete hicieron que sintiera un terror repentino. Empezó a temblar, y los músculos de las piernas con espasmos que no podía controlar hacían temblar la cama, los brazos cansados pero duros como nunca de la tensión, los ojos abiertos como agujeros sin fin, la cabeza con movimientos leves, casi imperceptibles, que iba hacia adelante y hacia atrás... una inspiración rápida y violenta. Otra. La tercera lo hizo reaccionar en pocos segundos y entonces entendió solo al rato y bajo sospechas, que solo eran sombras proyectadas de los muñecos sobre la pared gracias a la luz de luna y que no debía tener miedo a lo que solo era una sombra. Tardó minutos que parecieron horas en reestablecerse la sensación de normalidad en su cuerpo. Después de deliberar unos minutos decidió levantarse de la cama para cerrar la puerta del ropero y también el cajón de los juguetes. Era un chico valiente, de eso no hay ninguna duda. Primero se destapó completamente, luego apoyó un pie en el suelo, luego el otro, lento decidió incorporarse y dar un primer paso con la mayor cautela. El segundo paso encontró un roce, algo lo había tocado en su pie izquierdo para tomarlo por sorpresa y hacerle las peores cosas imaginadas desde siempre por nadie y por todos. Intentó correr, pero sin la conciencia de saber hacia donde y tropezó enseguida con un golpe de la rodilla derecha contra la punta de la cama. Cayó mirando hacia el lugar en el que se encontraba quién lo había tomado del pie... y no había nada. La rodilla por suerte no la pasó tan mal. Fué solo el susto. El pie recibió el roce de uno de sus muñecos tirado en el suelo... Hernán sonrió nervioso y se levantó. Parado en medio de la habitación por fin se decidió y se acercó rápidamente a la puerta del ropero y la cerró. Y se acercó al baúl de los juguetes y lo cerró también. Pensó en que Padre y Madre estarían felices por él y también pensó, todavía parado a un costado del baúl de los juguetes, en como contaría a sus amigos su primera experiencia nocturna a oscuras y en soledad, y se sintió bien. La mayoría de sus compañeros todavía no dormían a oscuras como él, y algunos todavía tampoco duermen solos.
Decidió acostarse y dormir. Esta vez se tapó solo hasta el cuello pero no pudo con eso de dormir y siguió atento a cada rincón de la habitación, no sea cosa que existan de verdad todos sus miedos pero que solo se animen a cobrar vida más entrada la madrugada y que lo atrapen por sorpresa... Al rato no pasaba nada. Nada se movía. Nada levantaba sospechas. Nada hacía ruido dentro de la habitación. A cada sombra, Hernán aprendió a encontrarle el objeto del cual provenía. Recorrió muy lento toda la habitación y todo, absolutamente todo estaba en orden. Le dolía la pierna un poco pero no importaba. Sus ojos empezarón a cerrarse, él a sentirse cómodo... al final durmió.
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