jueves, 8 de noviembre de 2012

Metete el buen día en el culo





Algunas cosas me sacan. Me sacan de la consciencia y hasta me encuentro con la capacidad de imaginar un asesinato. No es que vaya a matar a nadie, aunque no estaría demás actuar drásticamente ante ciertas circunstancias, es solo imaginación, pero el tema acá es que me hacen imaginar a la muerte. 
Como que me hacés imaginar a la muerte?. No es que yo sea muy sensible ni nada de eso. El problemas acá es que vos sos demasiado pelotudo. El mundo tiene que ser un mundo mejor en algún momento porque se rompe eh?. 
Hoy me crucé con dos de esos que saludan de manera automática que más que gente es una maquinita con enanos forros, deformes y retrasados trabajando adentro. Así no se puede. 
Como es eso de saludar más allá de lo que se debe de una manera que se repite hasta el infinito?
- hola como estás?
- Bien vos?
- Bien vos?
- Bien. Vos?
Uff, cortala dos líneas antes! como es que se puede decir - Bien vos? cuando ya te habían contestado que estaban bien y más allá?.
O sea, el que te contestó podría estar mintiendo, y de hecho es muy probable que lo esté haciendo y mientras tanto por dentro se esté muriendo de dolor por la mierda que tiene de vida y porque solo en este mundo no se puede sobrevivir y que ese bien que te mandó en el saludo forme parte de la formalidad de un saludo vacío y sin sentido, solo por el respeto absurdo que tiene mucha de la gente y que los hace saludar a cualquiera, pero ya te contestó loco, la puta que te parió. Ya te contestó! No se lo preguntes de nuevo. Inmundicia. Peste. Sos el sinsentido de lo careta. Puto careta.
Encima después lo saludan a uno, y uno les dice "hola" y se calla y te miran y te dicen "como estás?", y te quieren obligar a pertenecer al mismo grupito de adaptaditos a la mierda y vos con un poco de aguante y determinación los enfrentás con un "Bien" y te callás y te ponen cara de que se encontraron incómodos con tu comentario porque no lo terminaste como la regla del careta dice en alguno de los artículos.
Deberían decir "hola". Solamente "hola". Todos. El "como estás" está demás a no ser que exista una cierta confianza entre los dos que se están encontrando. 
Cuando un saludo es solo formal y no te queda otra que darlo porque además apenas un saludo se puede dar de manera cordial, no hay que abusar, no señor. 
Si abusás del saludo sos un recontra pelotudo y un forro, y te estás metiendo en la vida de quién no te invitó a participar.
Es incómodo ir subiendo en ascensor y que te salude uno de estos seres nefastos sin el sentido de la ubicación en modo ON. Te querés matar. Te cagan el momento de estar llegando y sobre todo, ya no podes pensar que puede ser un buen día al menos hasta pasada la sensación de mierda de un momento como esos. Al menos no con esta gente merodeando.

martes, 6 de noviembre de 2012

El último escrito de Alonso Evaristo Gomez





Me acuerdo del día que lo encontré, o mejor dicho me encontró, o me fué a buscar que se yó. A veces lo que pasa confunde, y más si te choca directo en la razón o en el delirio. Que a veces es lo mismo una cosa que la otra.
Ella estaba esperándome sentada en el banco debajo del sauce con algunas lágrimas que ya se habían secado (era un sauce, pero llorar debajo de él no es mandamiento universal. Ya venía llorada, y si hubiese llorado en ese lugar hubiera hecho lo mismo bajo un mandarino) y que aparecían casi imperceptibles, salvo que yo le conocía y le recordaba hasta las lágrimas secas y supe darme cuenta inmediatamente después de tenerla a una distancia razonable como para que mis ojos respondieran como tiene que ser. 
Yo, recién llegado a verla, a reencontrarme después de algún tiempo que ya no me acuerdo cuanto duró, tiempo que no quise contar, que no pude contar, tiempo que al mismo tiempo, me ayudó a pasar el tiempo. Y que valga la redundancia cuando se hace amiga. 
Los días se nos habían pasado diferente. 
A Soledad, el perfume de la primavera no la dejaba olvidar; a mi, el olor del encierro y todo lo que lo llenaba me anestesiaba.
No era que yo pudiese olvidar, no, sino que en mis maneras, y mis adecuaciones ante este tipo de situaciones tenia permitido llevar las caídas emocionales sin la angustia desesperante que enceguece, dispara, apuñala, e imprime ese dejo increíblemente presente de dolor en todo el maldito ser. 
Lo que quiero decir es que no lloré, pero eso no quiere decir que me la haya pasado de maravillas se entiende?. La separación me dolió tanto como para dejarme caer de adentro hacia afuera, pero gracias a las paredes que supe levantar pude sostenerme, y también convengamos que me ayudó bastante todo lo que hice entrar en mí como extra nebulosa y que casi me encierra en un sinsaber inconstante.
La cuestión es que nos encontramos después de todo ese tiempo, bah, primero nuestros ojos se encontraron a media distancia, y digo lo de los ojos porque ese fué el primer choque de los universos o multiversos que somos, y  fué también entonces que pareció no haber existido nunca esa sensación, que no era solo sensación de soledad, sin Soledad, y creo que a ella le pasó lo mismo porque se le notó, se lo vi en las arrugas chiquititas que se le hacen al lado de los ojos cuando los entrecierra acompañando a una sonrisa de esas que suelta porque le rebalsan las emociones hasta el fin del entendimiento. Patas de gallo le dicen nunca entendí porqué.
Ninguno de los dos sabe todavía que fue lo que nos llevó a separarnos. Creo que la naturaleza humana rechaza en algún momento lo que solo trae alegría. Las personas sin angustia, lejanía, esperanza de volver, sueños por encontrar y demas cuestiones que solo se sienten cuando algo falta, son infelices, aún cuando solo hay felicidad alrededor. 
El tiempo se paró. Si. El tiempo se detuvo y hasta nuestro corazones dejaron de latir y nuestros alientos dejaron de escaparse y por lo menos a mí, también  me inundó un hormigueo general que me llegó hasta todo lo que sé que tengo y que soy.
Ella se paró, con las manos juntas en medio de su cuerpo, agarradas entre sí, como cuando llegaba las primeras veces a encontrarme con ella, esperando darmelas a mí. Llegaban a la altura de su pubis, los hombros hacia adelante, las piernas apenas separadas entre sí. Es la bobera inevitable que nos obliga a padecer el amor. La sonrisa limpia, los ojos fijos, el pelo recogido, las ansias desbordadas, como las flores esperando las primeras luces de la mañana.
Apenas si podía mover los pies, pero hice todo un esfuerzo descomunal para poder llegar hasta su lado. Era lo único que importaba. Llegar. Importaba tanto como irme, cuando en otro tiempo me fui.
Y al final llegué. Uno al lado del otro. Ese momento inevitablemente incómodo entre los dos. El tiempo lejos nos devuelve esa sensación de primer encuentro en la que los cuerpos y las almas todavía temen darse al otro como se viene. Además, el tiempo lejos, cuando uno  ya había estado cerca, junta esa sensación que es también de temor a darse con otra típica que es la del temor a reencontrarse, a que la torre de cartas se vuelva a caer con apenas una brisa, con apenas un soplo distraído. Dos miedos juntos! 
Me senté en el banco de la plaza medio de costado, con una pierna flexionada sobre el banco, la otra apoyada en el suelo, un brazo apoyado sobre el respaldo y la mano sosteniendo mi cabeza que se andaba cayendo de tantas vueltas ahí adentro, y el otro brazo sobre la pierna que andaba reposando flexionada arriba del banco. Ella de la misma manera. Son manías físicas que se crean en la fusión de los amores. 
Nos miramos sin las palabras pronunciadas.
Ninguno de los dos sabía que iba a pasar, pero los dos queríamos lo mismo, y si no lo queríamos, lo quisimos al momento de volver a encontrarnos. No hay amor que signifique más que el estallido repentino e inesperado de dos juntos.
Despacio, empezamos a contarnos lo que había sido de nosotros. Al principio con cuidado, luego desprendiéndonos, y al final, después de un rato larguísimo que no tengo idea de cuanto duró, como la primera vez cuando nos estábamos conociendo, como todas esas noches en las que, llenas de palabras, nos mostrábamos con la desnudez del cuerpo y de las almas. 
Es la chispa de luz que suspira por volver a empezar.
En algún momento que no puedo recordar llegó dando tumbos por culpa del viento un papel. Ese papel levantó vuelo en los últimos metros y me dió en la cara. 
Me lo saqué con miedo, con sorpresa, y lo iba a tirar pero algo me llamó la atención y lo miré bien. El papel tenía una palabra escrita. “no”, decía, y estaba firmado por un nombre: Alonso.
Soledad me preguntó que era lo que decía pero le dije que nada, que nada importante y entonces abrí la mano y lo dejé ir. 
Seguimos conversando. Le dije que no entendía bien cual era el motivo del encuentro y que más allá de que la sensación que traía era de incertidumbre que fué transmutando en certeza, seguía sin entender, y me contestó que podían ser todos los motivos juntos, que para algo siempre se encuentran dos, o para muchas cosas, o para pocas, que no sabía tampoco me terminó diciendo, pero que era lindo. 
Está claro que inmediatamente después de que terminó su respuesta yo ya estaba enamorado como la primera vez no?. 
Le dije que si, que era verdad, que la separación tal vez la hayamos atravezado de manera diferente los dos, pero que el reencuentro, probablemente lo estuviéramos atravezando igual, que las sensaciones entre los dos siempre fueron casi gemelas, y nos miramos en silencio hasta que algo nos interrumpió nuevamente.
Sentí algo en la espalda. Era otro papel que el viento tenía a presión pegado en mi cintura. Tiré una mano para atrás y lo agarré. Y lo leí.
No lo tendría que haber leído me dije al rato, pero no estaba consciente cuando me dije eso. 
El papel que leí decía “Las brujas se disfrazan de criaturas angelicales con el fin de enamorar al principio, o en la vuelta al estúpido que cree que lo que es interrumpido puede continuar más adelante en el tiempo.” Y firmaba igual: Alonso.
Me asusté. Les juro que me asusté. 
Miré alrededor para ver si veía a algún fulano que me estuviera mirando y al que rajar a las patadas por estar jugándome esas cartas pero no vi a nadie. No había nadie. Soledad me preguntó que me había pasado. Preguntó con cara de no entender y de miedo y de angustia repentina que decía ese papel que me hizo abrir tanto los ojos y mirar para todos lados, y no le contesté. Seguí mirando y miré arriba, en los árboles, y debajo de los bancos y ahí estaba. Ahí estaba el culpable. Un libro desgarbado con las páginas sueltas me estaba complicando la vida y una posible vuelta con Soledad, mi gran amor, o quien yo creía que podía seguir siendo mi gran amor.
Soledad seguía preguntándome, ya con cara de muy preocupada, que pasaba, que que decían esas páginas, pero no le dije nada y me levanté y fui hasta aquel banco y me agaché con un miedo casi demencial hasta llegar frente a frente con aquel objeto que traía sujetas las palabras de algún tipo que estaría intentando comunicarme algo importante.
No sé como fué que me inundó tanto y tan de repente pero pasó. Como si un delirio volviese por primera vez efectiva a la realidad y empezara a conformarse el hecho de estar al acecho. 
Pasaron volando algunas mariposas. Pasaron volando cerca y las vi sostenerse en el aire, como en una burbuja. Las mariposas son animales sospechosos. Resulta que a una mariposa se la ve divina, colorida, hermosa a primera vista. Pero acérquese usted a una mariposa. Veale la cara, las patas, el cuerpo entero, ese que disfraza con sus alas. Las mariposas son demonios envueltos en papel glasé. Sépalo. 
Todo se torna sospechoso ante el destino cuando parece que trae verdades que aniquilan todo deseo de retorno a la felicidad. La vida no está hecha para ser solo felicidad y buenos presagios del amor.
Sosteniéndo el libro con ambas manos porque sino se desarmaba cual ser sorprendido hasta la locura, y yo iba camino a eso, la miré a Soledad, me acerqué, le di un beso en la frente, y me fui no sin antes decirle que estaba esperando volver a llamarla pronto. También le dije que solo en algunos momentos las cosas se daban como debían darse. Y me sonrió, la planté y me regalo una sonrisa. 
Así de generosa y desinteresada fué siempre, pero también así puede atrapar un ser nefasto a un crédulo como yo que solo se está dejando llevar por el sentimiento que trae lo enamorado. 
Empezaba a creer en lo que me había encontrado.
Iba apurado y las piernas me andaban lento. Estaba aturdido y la cabeza seguía rápido. Quería sostenerme en el suelo, pero me estaba ahogando en un mar revuelto.
Llegué a casa y dejé el libro sobre la mesa del living. 
Fui al baño a lavarme la cara para ver si refrescarme me bajaba un poco todo pero no, miré mi cara al espejo y la vi como si hubieran pasado años y pestañe y la vi como si la misma cantidad de años hubiera retrocedido. 
Estaba nervioso, eso era todo. No había ningún cambio real, solo era una jugada sucia de algo tenebroso que no se dejaba terminar de ver.
Fui hasta la cocina para servirme un vaso de Whisky, a ver si eso sí me bajaba un poco el nivel de ansiedad que me estaba invadiendo a las patadas pero me bajé un vaso de un solo trago, cerré los ojos, conté hasta diez, y todo seguía igual. Todo con la misma maldita sensación de asombro e incertidumbre.
Me llevé la botella y me senté frente al libro que me había mostrado dos páginas y que había firmado un tal Alonso.
Antes de abrirlo lo miré un largo rato. Me tomé un segundo vaso de Whisky, pensé en Soledad y en la soledad y en cuanto me daba cuenta en ese momento de que la extrañaba. Igual algo, tal vez esas dos únicas páginas de este libro, que vinieron a buscarme, me estaban diciendo que la soledad terminaba llegando siempre, que Soledad no tenía vuelta, que no tenía que dejar que de vueltas en mi cabeza un regreso con Soledad.
El libro parecía mantener una página a continuación de la correcta de milagro. Todas las hojas estaban sueltas y la tapa toda hajada y casi hecha polvo. 
Lo abrí.
En la primer página estaba el título “Memorias amorosas de Alonso, por Alonso Evaristo Álvarez”. 
Me quedé mirando el nombre un rato pero nada me hacía pensar en que podría haberlo conocido antes.
Pasé la página. 
En la tercera estaba la dedicatoria: “A todos los pasados en mi vida. A todos mis amores anteriores. A todas las mujeres que sin prisa pero también sin pausa se fueron yendo”
Otra vez me quedé mirando pero esta vez no para intentar acordarme de si conocía a alguien así o no, sino porque me dejó pensando esa dedicatoria, como si todos los amores fuesen pasajeros, como si las mujeres en una vida no pudieran volver porque ya no es lo mismo, porque las cosas cambian, como lo pensé en ese momento, porque lo que vino y se fué dejó lugar para que venga algo nuevo.
Se me cruzó por la cabeza ahora la certeza de que definitivamente lo mejor era no volver a lo mismo con Soledad. Me di cuenta de que no se puede volver a lo que fué, porque ya fué, porque las cosas cambian y todo cambia y el regreso, si es que existe alguno tiene que ser para adelante.
Como sea, me tomé otro trago de Whisky y segui leyendo esas páginas que me habían caído como patada merecida en el culo.
El corazón me latía rápido. Todo estaba dicho con tanta seguridad que cada palabra parecía ser la verdad universal acerca de los amores que no estaban.Don Alonso decía que las mujeres que querían volver solo querían hacerlo para reventarnos la vida. Que la mujer pretende el regreso a un amor anterior cuando las condiciones del actual no la dejan satisfechas y sabiendo que a aquel que fué antes lo tenía como quería.
En el libro, Don Alonso relataba las historias de sus amores. Hablaba de como el primer amor que dejó volver había cambiado y cómo esto hacía que la relación no fuera la misma que cuando la primera vez. 
Parecía lógico pensar que fuera así, y ¿no es acaso con el anhelo de que sea lo que fué que se quiere volver con una novia de antes? y siendo así, ¿puede ser que ellas hagan uso de esa ilusión y la aprovechen?
“Ante el reencuentro con un amor el hombre es un iluso fuera de sí, y la mujer una perra envuelta en colores con detalles de olor a rosas” sentenciaba Don Alonso en una de las páginas y seguía: “La mujer es más difícil de interpretar que una pintura abstracta. Al menos la pintura lo deja a uno tener su propia interpretación, en cambio, la mujer, nos hace creer que estamos interpretándola cuando en realidad solo nos está haciendo creer que la interpretamos. Así nos muestra lo que quiere, cuando quiere y como quiere. Y nosotros le creemos, y nos enamoramos por supuesto, y nunca o solo al final nos damos cuenta de la verdad. Pasa después que se transforma en vampiro, solo que en lugar de chupar la sangre, nos chupa el alma y nos deja secos de espíritu”. 
Fueron pasando las páginas y cada vez la palabra en contra de los amores sentenciaba más una especie de desprecio o resentimiento o de saber que nunca hubiera pensado. 
Decía, “La mujer es un ser despreciable.” y también, “Haber descubierto la verdad en las mujeres me hace un hombre afortunado. Ahora sé que ninguna más podrá engañarme y puedo escribir estás páginas para que todos los hombres sepan a que se enfrentan cuando se enfrentan a una mujer.” Y para dejar claras las ideas de Don Alonso les voy a transferir algunas otras frases escritas en sus memorias: “La mujer es lo negro del mundo, ya lo decía John Lennon y no por nada. Él sabía.”, “La mujer solo es comparada, en su lado tierno, a un lobo con piel de cordero. Que esta frase no es al pedo. No señor. Alguno la habrá dicho mientras veía a una mujer llorar supuestamente por amor, para al final descubrirla”, “Un témpano de hielo abriga más que el abrazo de contención de una mujer, pues el témpano es sincero en su fríaldad.” Y así seguía Don Alonso, y a mí, bueno, me hacía dudar de la misma existencia. La duda me visitó. Uy! diganme que mi amor existe!
En alguna de las páginas Don Alonso se refería a la mujer como competencia de la mujer misma. Decía esto: “La mujer quiere tanto ser la mejor mujer dentro de las mujeres, es tan detestable, que no solo nunca son amigas aún cuando salgan o tengan un llamado grupo de amigas, sino también ante sus hijas mujeres. La mujer que es hermosa de cuerpo, si es que encuentra (y casi siempre lo hace) a algún gil para que le salve la vida a costa de destruir la suya y lo convierte en su esclavo con la excusa de la palabra casamiento y lo que la sociedad significa en esa palabra, lo hace con un hombre más feo o menos hermoso que ella. En ese caso, si tiene una hija mujer, su hija será probablemente menos hermosa que ella y si tiene la mejor de las suertes, será fea. Eso la mujer lo hace a veces sin darse cuenta, otras de las veces (cuando son de la peor calaña de fémina) lo hace adrede, y solo algunas de las veces la mujer no piensa en ello. Cuando la mujer no piensa en ello, puede correr con la desgracia de tener una hija más hermosa y claro, siendo más joven y más hermosa, la mujer ahora madre pierde su don y se pierde en el abismo de las viejas brujas y oscuras que son cuando se encuentran derrotadas. Mejor vieja bruja, que joven serpiente. Que se sepa. 
También puede pasar que la mujer erre el cálculo, y cuando su hija ya sea también mujer o mujercita, de cuenta en su pensamiento de que su hija la supera en belleza y le compita. Se viste de nena como si fuera ella la hija, se opera las tetas, va al gimnasio para levantar el culo, se compra la misma ropa que la hija y pone cara de lujuriosa para que la miren a ella primero cuando pasea con la hija por alguna avenida. Así es la mujer.”
Está claro hasta ahora que Don Alonso era un ser oscuro y lastimado. Lastimado quizás hasta lo más profundo de lo que fué. Las mujeres en su vida o bien fueron unas arpías, según las palabras que deja leer, o el tipo era alguna especie de hombre no apto para el amor. 
Siempre dije que la duda me hacía aprender, pero esa duda me estaba reventando las tripas.
De todas maneras seguí leyendo. Estaba transpirado, fuera de foco, las luces del día se estaban apagando y yo sin poder largar ni el libro ni la botella de Whisky. Ya estaba medio en mamado e interpretando con dificultad las palabras que Don Alonso enseñaba en sus memorias pero igual seguí. 
En algún momento debo de haber caído dormido, y entonces fué un sueño. Yo hablando con mis antiguas novias, no con Soledad, sino con las otras, las que había guardado en el cajón del olvido hacía rato ya. 
Estaba en una sala, sentado en un sillón de un cuerpo, de espaldas a una ventana que daba a la calle y por la que entraba una luz de infierno que solo proyectaba mi sombra que continuaba a mi cuerpo y seguía hasta donde no se podía ver, dividiendo la sala en dos.
De un lado estaban mis novias, como ya les dije, las antiguas. Del otro lado estaba vacío.
De a una empezaron a intentar volver conmigo y yo de a una las rechazaba. Mientras, les decía que no, y eran difíciles. Les tenía que dar una buena razón para que me entiendan. Al haber entendido ellas iban pasando al sector vacío de la sala. 
Cuando hubieron terminado y ya estaban todas del otro lado, apareció Soledad caminando sobre la proyeccion de mi sombra en medio del salón y desde el fondo que era como un vacío que se iba llenando. Y no se veía, pero la reconocí. Se acercó casi sin darme cuenta que había dado un solo paso y se puso frente a mi, muy cerca mío, con sus ojos a la altura de mis ojos y a pocos centímetros de distancia, con su nariz rozando la mía, con su boca cerca de la mía, dándome su aliento, compartiéndome sus deseos. Y me quedé en silencio. Y de mi silenció le llegó una certeza que yo no le mandé pero que ella recibió. Y se fué con mis otras novias. Y desaparecieron todas. 
Me desperté sobresaltado mirando para todos lados a ver si la veía pero nada. No estaba. Y claro, que iba a estar si ya la había dejado ir. 
Me caí en algún momento, y estaba en el suelo.
La noche ya había llegado. Por la ventana solo penetraban las luces de los faroles ya encendidos y cuando vi el reloj andaba a los saltos, paseando, la madrugada a medio camino.
A los pocos minutos me levanté, levanté la silla, y fui al baño a lavarme la cara. Pasé por la cocina esta vez a buscar solo agua, me la serví en un vaso tan grande como para que un gigante tome sin que le falte y me fui de nuevo al living y frente a frente con las palabras de Don Alonso.
Cuando me quise dar cuenta estaba llegando al final. Y el final se acercaba hacia el principio del día. Que suenen las campanas y empiece el nuevo mundo!
“las novias nuevas le dan a uno lo que la novia de antes había dejado de darle. Es entonces que uno ve que todas las novias son una, que buscamos en todas lo que buscamos en una.” Así hablaba Don Alonso y así seguía: “Todos los amores son uno, Cualquier amor que se convierta en costumbre deja de ser ese amor encontrado, entonces, a ese amor de primera vista hay que salir y buscarlo de nuevo”. Y yo andaba sorprendido y con la vista perdida entre esas palabras y seguía leyendo. “Las novias son unas ingratas. Uno les da y les da y busca más para darles, sin embargo ellas, te sacan, te sacan, y buscan más para sacarte. Y además lo que antes te dieron como una muestra se acaba y desaparece entre las sombras de alguna noche que se pierde en el olvido”. 
Mi columna vertebral de la existencia espiritual estaba toda floja a estas alturas. Imaginense leer a un hombre tan seguro de todo lo que dice. A quién le cabe pensar que puede estar equivocado?
El amanecer me llamaba a su luz cuando vi que había muchas páginas en blanco y al final, dos últimas frases en el libro, que dicho sea, eran distintas a todas. Estaban escritas con otra tinta, en otro tiempo más nuevo, como de hoy. 
La primera decía “se me fueron todos los amores entre malas interpretaciones y un mal juicio. Veo ahora lo que es la verdad, pero no me queda tiempo. Todo el que tenía lo desperdicié sancionando y ante el descuido adrede casi se podría decir, de todo lo que amé. Sigo enamorado de mi primera novia, y por eso todo lo que pasó con todas las otras. Ahora lo veo. Pero es tarde. 
Que no se escape nunca una novia solo por no aceptar un retorno que pueda ser también novedad”. 
Y la última: “Que no sea en soledad. Que sea Soledad”
Me acuerdo que cuando vi esa última frase escrita grité. Grité tan fuerte como me lo permitió la sorpresa, y no fué tan fuerte en realidad porque casi se me fué la voz y entonces cerré los ojos unos segundos. 
Sentí una brisa de calle. Volví a ver, justo después de sacarme el papel que me había pegado en la cara y que decía, “SI”.
Entonces entendí que la vuelta no es al pasado, sino al futuro y que todo es nuevo aunque vuelva, porque nosotros somos siempre nuevos. 
Soledad también. Nueva conmigo. 



lunes, 5 de noviembre de 2012

Los juegos





A veces cuesta un poco mirar el pasado sin referir la atención a las marcas de siempre porque va cuesta arriba, y está lleno de piedras. A uno a veces lo tienta la idea de salir rajando de los pensamientos. 
Vaya uno a saber porqué las cosas pasan como pasan y se encuentra el sentido más tarde y aunque se diga que puede ser también más temprano. Se puede salir a jugar un rato si uno se siente solo. Uno de mis problemas o no, todavía  no lo sé tal vez porque no siempre sea de la misma manera es que no sé salir a jugar por los años sin terminar en el fondo revolviendo todo, casi a punto de caer desmayado por la falta de oxígeno. Me lleva la razón de ser hoy en el ayer y me encuentra el sinrazón de ser ayer ahora mismo. Las contradicciones inevitables de vivir en uno mismo. 
El pasado es un barrio que se fué, que se murió en cuanto desaparecimos los que lo hicimos. Ese barrio es espíritu colectivo que cambia de a ratos, y es otro barrio. Como el nuestro, que lo hicimos nacer barrio nuevo a mediados de los Ochenta.
Acordarme en este sillón y con este vaso casi vacío que da la pena de muerte y reclama la vida. Ja!, hace falta que la botella la traiga al lado mío en esta mesita de mierda llena de ceniza y un cenicero desbordado. 
Pensaba en los recuerdos, ¿es que se puede pensar en otra cosa?. No sé si se puede, por ejemplo en el futuro que sería más como la imaginación armando una realidad que todavía no es, o simplemente pensar en el ahora pero no, porque ahora pasa y hay que actuar. Ahora se hace ahora. Se puede pensar en hoy como una reflexión ponele, pero en realidad no es pensamiento libre sino una reflexión como acabo de decir, condicionada, y sin la intención de caer en una frase redundante. 
Pensar, pensar, se piensa en lo que pasó. 
La vida es confusa y sale a tendernos un trampa en la que no sabemos lo que es cuando tiene que ser y lo que no es cuando no debiera ser. 
Estando solo como ahora que estoy solo, el silencio y la memoria pintan de colores o de blanco y negro lo que fué hace veintipico de años. 
Solo hoy me quedé solo. Los que viven la vida conmigo salieron y yo preferí quedarme. Creo que lo que pasó fué que hoy cerca del mediodía cuando salí a sacar la basura los vi a esos pibes con la pelota y marcando los arcos con cascotes en la calle y me cayó el peso de lo pasado y me noqueó, o no me dejó pensar más que en él mejor dicho, porque eso de noquear sería más para el desmayo y esto más que desmayo es una atadura del alma, un secuestro del que solo voy a lograr liberarme si resuelvo las cosas. Tal vez nunca.
Uno cuando está acompañado no recuerda tanto las cosas que pasó sin esa compañia con la que se encuentra. Uno no se acuerda como el gordo Alfredo le reventó de un cascotazo el vidrio de la ventana de la casa a la vieja culo roto de Doña Estela mientras besuquea a su novia, o mientras enseña a su hijo a trepar a las sillas para que no se estrole contra el suelo por no haber aprendido como hacerlo.
Entonces hoy, preferí quedarme solo y de paso cañazo arreglar un par de cosas en la casa. 
Me acordaba del barrio que hicimos con los chicos y de nuestros juegos y de nuestras desgracias de hogares con moretones. Está claro que a la final eso de hacer cosas en la casa me quedó para la próxima no? 
Nuestra infancia fué una sucesión de momentos al palo casi todo el tiempo. Por un lado teníamos nuestras aventuras que si no eran tan tremendas, nosotros las sentíamos así y a veces hasta podíamos hacer que fueran realmente así. Por otro lado, todos estábamos tocados por el cielo gris y despiadado del invierno que era la familia. A veces más, a veces menos. Eso era algo que nos unía a todos y nos hacía mejores amigos. Pertenecer a un grupo que pasa por las mismas experiencias que uno mismo o al menos parecidas, da una sensación de compañia que también abarca en el sentimiento de angustia e incertidumbre que todo chico carga por motivo ajeno, o simplemente por el hecho de ser niño y tener demasiadas preguntas sin atender por la inexperiencia de no saber. No sé quién dice que ser chico es fácil.
No recuerdo demasiado la era feliz, aunque si las sensaciones y esa pulsión de infante de ir para adelante sin medir consecuencias y siguiendo cualquier idea que a cualquier amigo pudiera ocurrírsele. 
La memoria debe ser un recuento de bolitas que se van perdiendo, mientras que las que quedan se abren a los detalles de la vida con ellas y habando de bolitas, nosotros teníamos la mejor cancha de bolitas que conocí en la vida entera. Linda como ella sola. La que apisonábamos, la barríamos, la corregíamos según la necesidad... 
Después de los días de tormenta en lugar de jugar teníamos que trabajar toda la tarde para dejarla a punto nuevamente, pero no nos importaba nada, o mejor dicho sí. Nos importaba mucho. El opi de esa cancha era el mejor del mundo. Estaba ubicado dentro del campo de juego como ninguno!. Habíamos medido ancho y largo del campo y al cabo de un par de cuentas el opi quedó ubicado en el punto justo, con la apertura y la profundidad justa que merece un buen opi.
La cancha era bastante grande como para que puedan jugar al menos 10 jugadores cómodos. Estaba ubicada en la vereda de una vecina a dos casas de la mía y quedaba a la mitad de la cuadra. Entrar a la cancha era participar en el evento deportivo más increíble del barrio.
Nos pasábamos tardes enteras jugando como si el único cielo fuera esa cancha, como si lo mejor en nuestras vidas fuera estar juntos ahí. Y tal vez en ese momento fuera así. 
Mirá que de pendejos éramos tan infantiles como adultos en estado de emoción inconsciente. Y en la infancia siempre se juega en serio y eso es lo mejor que nos pudo haber pasado.
Los juegos en el barrio y en esa época en la que todos los chicos salíamos a jugar en la calle eran siempre los mejores, y era cualquier juego. 
Los vecinos tomaban mate, sobre todo las chusmas. Típico. Vieja de mierda la sucia de enfrente que no me acuerdo como se llamaba. 
A traer la botella y a dejarme de promesas que ni una gota queda en este vaso que ya se parece a carnaval que terminó y quedó solo con jirones de telas solitarias, en alguna esquina sucia de espuma, barro y muerte.
Venga para acá. Ahora si, vayamos a ir por donde íbamos que el día puede ser buen compañero también.
Los hermanos mayores y otros chicos más grandes se juntaban en la esquina a tomar una cervecita y siempre que  andaban por ahí estaban atentos a que nosotros no nos metiéramos en quilombos. Gladys, la del quiosko era una ratona petisa, culona y cornuda tal como lo supimos cuando tuvimos la edad suficiente como para entenderlo pero la queríamos igual, porque además era la mamá de uno de los nuestros.
Los abuelos nos recagaban a pedos del ruido que hacíamos a la hora de la siesta, la mayoría de las madres trabajaban así que por ese lado no había molestias, y las abuelas... unas divinuras hermosas como pocas conocidas hasta el momento. Las hermanitas querían jugar con nosotros y nosotros rechazando ante cualquier insinuación. Que se vayan a jugar a otra cosa no?, a cosas de nenas. Esto es para los hombres nos decíamos a nosotros mismos, y cuando entrábamos a casa las abrazábamos.
Había en el grupo 3 de los mejores jugadores de bolita que conocí en mi vida y eran de esos que cuando jugaban, te partían la bolita casi seguro. Había que tener un cuidado de la San Puta con las bolitas favoritas, de hecho, lo mejor era no usarlas cuando jugabas contra ellos. Los otros 4 estábamos un poco arriba de la mediocridad y nos la arreglábamos bastante bien ante contrincantes de otros barrios.
Era la mejor cancha en varias manzanas a la redonda y ahora recuerdo y vuelvo a darme cuenta: todos los chicos de barrios vecinos querían jugar ahí.
Había dos maneras de que otros barrios jueguen en nuestra cancha y la primera era la pacífica y consistía en retarnos a un duelo. Barrio contra barrio, bolita contra bolita, solo japonesas. Si ganaban se llevaban el derecho a jugar durante una semana, mirá la confianza que nos teníamos!, y pasó 2 o 3 veces eso nomás, pasada la semana, pa’ tu barrio y a tu cancha pibe... y tuvimos una época de gloria, mientras que la segunda era o venir de prepo e intentar sacarnos a las patadas o usurpar la cancha en nuestra ausencia. Este método que usaron algunos chicos de otros barrios varias veces siempre dejaba algún herido ya que por supuesto, nos agarrábamos a las trompadas inmediatamente. Y si no los veíamos y después algún vecino nos contaba, los íbamos a buscar. 
Y el día de la derrota llegó. Vinieron un domingo a media tarde, enterados de la fama que tenía esa gloria de cancha, de una villa a un par de cuadras unos pibes a querer jugar. Estábamos todos (los siete) y por supuesto los retamos a duelo, ofrecimiento que rechazaron de lleno diciendo que iban a jugar igual. 
Cuando nos paramos para discutir nos cagaron a trompadas, y esa tarde jugaron, más no volvieron por suerte. Creemos hasta el día de hoy que fué una especie de a ver quién manda, y ese día mandaron ellos.
Fué todo risas hasta que después de varios años nos encontramos con la sorpresa: albañiles.
La vieja dueña de la vereda había mandado a rellenar con cemento nuestra vieja cancha de bolitas, nuestro cielo en la tierra, nuestro lugar en el mundo, nuestro reinado barrial,  y nos había cagado la vida.
Nos pasamos toda la tarde tomando coca cola y comiendo caramelos palitos de la selva y de esos billiken que creo que eran con gusto a yogur mientras mirábamos al albañil del demonio destruir nuestro mejor logro.
Fué en ese momento que perdimos la inocencia.
Gracias Doña Margarita. Ojalá se encuentre usted en el infierno siviendo de leña para los justos y quemándose por el resto de la eternidad. Y no sé ni porqué estoy mirando hacia arriba, si el infierno supuestamente está abajo. Quemate vieja de mierda! quemate!
Después de semejante pérdida claro,  el deporte que pasó a reinar entre todos los deportes, y la puta madre fué el fútbol. Y claro que no me quedó otra que jugar al fútbol. Y era malísimo, pero tenía buenos amigos.
Este país es futbolero al mango y es inevitable que los pibes jueguen al fútbol hasta en los sueños... y este era el último juego de casi todos los días en mi barrio en ese momento. Como en todos los barrios en casi todos los momentos creo.
Mi viejo era un gran jugador de fútbol, hincha de River hasta 1990, hincha fanático de Lanús hasta la fecha.
Yo, lo mismo, aunque nunca fanático. Un pibe es hincha la mayoría de las veces del club del que es el padre aunque el fútbol no sea de mayor importancia.
Como todo buen jugador que tiene un hijo, él esperaba que yo fuera el crack futbolístico, pero le salió bastante de culo la verdad. Era el peor.
Me encanta desde siempre el fútbol, pero nunca pude evitar ser el peor jugador que conocí. Hasta el gordo dueño de la pelota era mejor que yo.
Al grupo de los siete no le hacía falta buscar a uno para llegar a ocho y estar parejos; yo jugaba tan pero tan mal que daba lo mismo si el equipo en el que jugaba yo tenía un jugador demás. Y eran amigos, muy buenos amigos y me la bancaban como unos genios la mayoría de las veces.
Estaba claro que me esforzaba por no ser tan malo, y en mi cabeza cuando planeaba las jugadas era rápido y me salían todas bien y sabía que hacer, pero a la hora de mover el cuerpo me respondía para cualquier lado y armaba cada desastre que ni yo entendía. Algunas veces no me la bancaban tanto porque a veces se jugaba contra los pibes de la vuelta de calle y claro, querían ganar... y entonces yo me dedicaba a contar los goles, comer un alfajor, y mirar. En esos momentos me acordaba de la cancha de bolitas y me agarraba esa cosa parecida a la nostalgia, porque encima ahí no era el último.
Los partidos eran sobre la calle la mayoría de las veces. Agarrábamos pedazos de ladrillo o cualquier otra piedra y marcábamos el centro y el área. Y acá está el porqué de que me tuve que quedar en casa. Los ladrillos en la calle de hoy a la mañana. Algunos pibes todavía saben jugar en la calle. Que no se pierda nunca. 
Desde la línea divisoria de manos de la calle contábamos los pasos para marcar con remeras o los mismos ladrillos la apertura del arco, y al final se jugaba Pan - Queso para elegir jugadores.
En esto del Pan - Queso yo me divertía y miraba ya que siempre quedaba para el final... por suerte desde chiquito tengo el don de reírme de mi mismo y pasarla bien con eso.
Jugar en la calle propone estar atento a cualquier eventualidad externa ya que puede pasar a los pedos cualquier gil y levantarte como sorete en pala aún estando atentos, entonces al grito de “autooooooooooo” rajábamos todos a la vereda.
Después de algunas años y de mucha práctica logré ser un defensor mediocre o un arquero cagón pero con suerte. No me quedó otra que intentar frenar a los delanteros con barridas prometedoras y sin efecto al principio pero efectivas y de guerrero con el paso del tiempo (como para no ir siempre al arco). Cuando iba al arco era tan pero tan cagón que me daba vuelta con los pelotazos fuertes y era con suerte... me pegaba en el culo, en la espalda, en las piernas, en cualquier parte y rebotaba hacia afuera. Fui ganando el título de arquero ojete, así me decían en la cancha, y hasta empezaron a creer que le daba suerte al equipo, claro que no era así y en cuanto se acabó la racha empezaron a meterme de a docenas.
Teníamos por desgracia en el barrio al típico viejo forro pincha pelotas de las anécdotas más populares. Don Pepe. Él era real. Todos queríamos que se vuelva a España y se lo decíamos, pero no le decíamos “Volvete a España o te vamos terminar metiendo de cabeza en la puta madre que te parió viejo de mierda!”. No. Nos conformábamos con “Volvete a España Viejo!”. 
El viejo nos pinchó 3 o 4 pelotas y nos robó 2. Si. Nos robó y nadie nos creyó. A la segunda pelota pinchada le dejamos todo el portón del garage marcado con todos los benditos rompeportones que pudimos conseguir. Y eran muchos. Ni hablar de las pintadas, escupidas, piedrazos y otras cosas que se nos ocurrieron las otras veces en las que el viejo de mierda ese nos dejó sin jugar.
Tuvimos la suerte de conseguir esos rompeportones un tiempito antes de la navidad y casi que dimos las gracias por la pelota robada porque nos brindó la posibilidad de la venganza. Y nos corrió, pero claro, era viejo y jamás pudo alcanzarnos.
Me acuerdo que una vuelta, cuando tenía ocho creo, estábamos jugando en la calle y yo estaba atajando con unas rodilleras malísimas, muy horribles. 
No eran rodilleras normales, estaban llenas de colores horribles, una combinación espantosa de verdad. Parecían rodilleras de las que usaban las chicas cuando andaban en roller pero me las había regalado mi abuela así que las usé igual. El tema ese día aunque no lo parezca no eran las rodilleras sino mi condición de indispuesto. Estaba en medio de una maniobra defensiva cuando me desgracié, y fué una desgracia con paloma de monte incluida. Una verguenza. A todos nos toca ser centro de burlas alguna vez o varias en la infancia y ese día fué mi día. En ese momento las rodilleras dejaron de existir y salí rajando a limpiarme el culo. Dos el mismo día, las rodilleras y cagarme encima. 
De a poco fui reemplazando el fútbol por el básquet, y en eso me di cuenta que si era bueno. Llegué a jugar de ala para un club en remedios de escalada y salimos campeones de la liga dos años seguidos. Tenía un tiro de 3 que a veces ni yo me podía creer. Campeón.
Abandoné todo vínculo al deporte a los 14 años. Nada de eso era realmente para mi. Jugar sí, pero hacer deporte?, ja! no señor.
Siempre encontrábamos el juego en cualquier lado. Uno le deja una piedrita a un pibe y con algo de imaginación se arma el mundo.
El grupo de los siete de la calle Bouchard ente Ferré y Hector Guidi en Lanús Este, no era la excepción, a las piedritas nosotros las usábamos por ejemplo para tirar con la gomera a cualquier cosa que se moviera...
Los juegos que se encuentran como a la inspiración son los que requieren un mayor compromiso con la aventura.
La inconsciencia infantil deja ver más allá, y por eso es que de grandes no jugamos tanto, a no ser que de a ratos dejemos ser a esa inconsciencia que en definitiva es parte de lo que somos. Pasa a veces, cuando tenemos hijos, que  se nos escapa a jugar con ellos, o la dejamos libre porque todavía somos amigos.
En la infancia todo estaba relacionado con el juego y el camino para llegar hasta ahí.
En primavera y crecen las hojas en los árboles, y las ramas, y las bolitas que tienen algunos árboles. Y llegan nuevos animalitos de Dios y nosotros a la espera. Quién no cazó mariposas alguna vez?
Arrancábamos ramas con buenas ramificaciones, les sacábamos la mayoría de las hojas, y estábamos listos para hacerlas mierda.
Llegaban de a montones y de todos los colores. Algunos tuvimos la suerte de vivir en una infancia que se poblaba de mariposas en primavera y verano. Ahora que lo pienso creo que todos los que fuimos pibes en los 80 contribuimos a que las mariposas se vayan extinguiendo o vayan encontrando escondites en donde no se las encuentre jamás. 
Los siete pendejos desubicados las esperábamos y cuando venían, zas! de un golpe caían de a montones y las juntábamos casi siempre en un pote de helado de kilo. Todas juntas, las de todos.
Luego de la cacería les sacábamos las alas y tratábamos de conservarlas pero éramos chicos y tampoco nos importaban tanto y al rato se arruinaban, y las tirábamos a la mierda. Al bicho sin alas lo tirábamos antes. La mariposa es un bicho demencial si se lo ve de cerca.
Con las bolitas verdes que habíamos sacado y separado prolijamente de las ramas que habíamos usado para cazar a las mariposas también jugábamos. Era algo un poco más peligroso pero que se le va a hacer. Era lo que tenía que ser. Le robabámos ruleros a nuestras abuelas, Ariel le robaba globos a su mamá del quiosko y listo, gomeras caseras y bolitas del árbol de la esquina para todos.
No armábamos grupos que jugaban a la guerra, no nos gustaba la guerra, era más bien como una mezcla entre la mancha y el quemado. Ja!, era todos contra todos hasta que se acabaran las bolitas o hasta que quede el último de pie y sin rendirse.
Varios salimos lastimados con ese juego. A mi una vez me dió una en el ojo derecho y terminé en el hospital con mi tío José que me llevó rápido y tratando de que no se entere mi viejo. Me limpiaron y me mandaron a casa con el ojo en compota. Mi viejo se enteró igual y salvo una gran cagada a pedos no pasó nada, zafé. A Juanca una vez le entró una en la boca y a gran velocidad, tanta que casi se nos muere del ahogo. Menos mal que había un vecino mirando sino, a la mierda con Juanca, muertito hubiera terminado. Después eran más bien golpes en el cuerpo que dejaban marcas. Así nomás era. En verano también estaba la guerra de bombuchas  que era espectacular. Todos los pibes. Chicos y chicas, desde los más chicos y hasta los veinte más o menos y a veces también los mayores. El barrio entero tirándose agua en baldes, bombuchas, jarras, ollas o cualquier cosa que estuviera a mano. Esos momentos eran los que te daban la seguridad de que las cosas buenas pueden pasarle a cualquiera que sepa encontrarlas. Ahora salís a la calle a tirarte agua con los vecinos y terminás con un piedrazo en la cabeza o peor, porque no te conoce nadie, o no conocés a nadie, o se te mete uno en la casa a afanarte mientras vos como un boludo tiras agüita a la gente.
Las marquillas de cigarrillos me tuvieron encantado absurdamente pero solo hasta que mi tío José, el que me había llevado al hospital con el ojo roto, me regaló su colección tremenda de latas de bebidas de todo el mundo... fuera las marquillas, adentro las latas. Tenía una colección que para mi era increíble, de  más de seiscientas que el hermano, mi otro tío, Domingo, le había traído de los países a los que había viajado. Con el tiempo se perdieron, no me acuerdo bien que pasó. Pasa la emoción, pasa la vida sin saber bien que fué lo que pasó. Así, siempre así.
Mierda que se está haciendo tarde, y yo medio en pedo tirado todavía acá. Y menos mal que me estoy acordando de como era jugar antes porque ahora me estan dando unas ganas de jugar tremendas y no de llorar, cosa que pasa cuando pienso en otras cosas menos agradables.
En invierno cuando llovía mucho, se inundaba todo. Hacíamos barquitos cada uno desde su vereda y los largábamos a que ellos encuentren la aventura ya que a nosotros no nos dejaban meternos en el agua mugrienta de la lluvia ni de casualidad. A veces nos escapábamos igual, lógico, si no lo hacíamos no éramos nosotros, y armábamos luchas en el agua. Manuel siempre ganaba, imaginensé lo que era si ahora mide como dos metros
Después de la lluvia y desaparecida la inundación, no sé de donde pero se asomaban unos sapitos diminutos del tamaño de una uña. Que bueno cuando aparecían! porque teníamos un nuevo juego.
En la puerta de mi casa había un árbol de esos en los que florecen unas bolitas chiquitas y moradas. Agarrábamos un sapito cada uno y el que le metía adentro la mayor cantidad de esas bolitas, ganaba. Después los tirábamos como a las mariposas pues ya habían dado lo suyo. La naturaleza provee la contención necesaria al niño para su actividad, y el niño la toma y luego la deja cuando ya es momento de cambiar. Sin remordimientos.
Eran muchos los juegos. Inventábamos todo el tiempo y muchos eran crueles pero no lo veíamos. Mariposas con el calor y Sapitos en el invierno murieron en cantidad. Ellos se metían en el medio de nuestras ideas.
Cualquier otro juego que se haya jugado fué ocasional. No se puede llegar a un número certero de la cantidad de juegos en la infancia de un pibe. Soldaditos, carreras de autitos, de carting con rulemanes, rasti, figuritas, lopa o rango según la edad, burlas a otros pibes, burlas entre nosotros, aventurarse en terrenos baldíos y salir corriendo al primer linyera que te cruces, rin raje, quemado, juntarnos a mirar dibujos animados, y hasta tomar la leche juntos.
Todo era juego cuando las cosas no olían a juego, pero no lo sabíamos, o sí, pero estábamos juntos y no nos importaba.
Me voy a servir otro y a tomarlo de un trago. Y me voy a dormir. A ver si se puede parar un poco con todo esto que estoy por llegar adonde no quiero.



lunes, 11 de junio de 2012

Lluvia



No llueve, pero es como si lo hiciera. 
A veces llueve sin llover. A veces se siente esa primera gota que cae en la nariz, o en un ojo, o en la frente, mientras miramos hacia arriba, pero que no es lluvia, que es la sombra de una tormenta que permanece invisible aún cuando se la percibe a los golpes.

Camina las mañanas del lunes al viernes como esperando llegar a otro lugar, llamemosló esperanza de los pasos imposibles, sin embargo las cosas se suceden de una manera extraña, aunque sea la normal en la vista simple, y va a llegar donde siempre, donde todos los días. Lleva igual una sensación de libertad que parece ajena y eso podría hacerlo más liviano, podría darle el súperpoder de levantar vuelo sin volar, como esta lluvia que no está cayendo pero que está. 
Silba el reflejo de alguna canción que recuerda, y carga con la vida nueva cada nuevo día.
A veces pasa que entre sueños o ensoñamientos cae en las cuentas reales y entonces siente la cárcel, el estado difícil, la pesadez resultante de ir en contra aún siendo solo en el pensamiento.
La diversidad es parte del juego que lo mantiene. La eternidad del adolescente entonces la encuentra en todo lo que puede ver, y es en esos momentos cuando relaja un poco, que ríe. Ve a los que no creen, a los que creen en todo, a los que creen que no están creyendo. Ve las pocas luces de muchos de los otros, las muchas luces que simula alguien más, el resultado de la autodestrucción del inconsciente colectivo, las miradas que parecen encontradas, los pocos espacios, la insoportable pendiente en la que se ve a muchos andar sin ver. También puede ver a otros que juegan como él y entonces deja de sentirse solo.

Nunca pierde la esperanza pero está desesperanzado, nunca camina sin ver, pero a veces ver dan ganas de salir a matar. 
Como es que se espera de él lo mismo que se espera de un desorientado? La justicia no existe mi amor. La justicia no existe. La justicia?

Afuera es un carnaval triste de bombos que no suenan como deberían y de saltos epilépticos que simulan un baile del infierno pero que no son más que agua de estanque. 
Que loco es cuando te dicen que si y vos sabes que es no, cuando lo acostumbrado hipnotiza y vos no podes hacer nada porque lo hipnótico nubla la certidumbre.
El desfile de carrozas se ve desaliñado, jaja,  es una comparsa llena de jirones de lo que quiso ser un día.

Jugar de verdad es entonces la única solución que puede encontrar. Este juego de callecita sin sorpresas que se espera pueda sorprender. La desesperanza, solo de a ratos, cuando es inevitable y abriga el suelo tibio. 

Piensa, que sea juego, y que el juego sea risas. Que la risa ayuda, que la risa lo cambia, que la risa le deja encontrar esperanzas nuevas, que la risa no se abandona cuando la cosa está gris y nos quiere llevar la costumbre putrefacta de una sociedad que pretende castrar y crear idiotas. Si se te pierde la risa te morís, dice.


No llueve, pero es como si lo hiciera. 
A veces llueve sin llover y hay que hacerle frente a la tormenta que viene o que está.

lunes, 4 de junio de 2012

Mañana es mejor



Despertar todos los días esperando encontrar lo que fué un día allá, atrás, en aquel pasado que ahora es recuerdo. El deseo del reencuentro y la esperanza de un viaje en el tiempo. Pensar hasta creer que todo ese tiempo pasado fué mejor. Perder las esperanzas cada vez que se cae en la cuenta de que las cosas, todas las cosas, corren hacia adelante.
Ir hacia lo que viene con ansias de lo anterior, es la vida en retroceso, que es igual a la muerte o a la desaparición de la vida, en vida, y eso nos deja en un limbo imaginario entre lo que existe y lo que pretendemos que exista.
Perder. Las pérdidas no son más que posibilidades de encontrar y ganar a lo nuevo, sin embargo, ante algunas pérdidas algunos se pierden también.
Desaparecer. Desaparecer cual pájaro dormido en el árbol que cae, desaparecer entre las pocas luces del alba, cuando aún los cielos no despiertan y uno puede encontrar la partida de las sombras del aire para encontrarse con su propia sombra.
Anhelar. Anhelar el regreso de nuestra mascota de la infancia aunque sea en sueños, pretender recuperar la misma sensación de abrigo al sol de aquellas tardes en las que nuestros abuelos nos dejaban recuperar el tiempo de escuela en aquel parque repleto de colores y juegos.
La desdicha en el aire, el deseo de volver a tener, la sensación de estar perdido y no poder encontrar lo que nos cae delante de nuestros ojos.


Los que siempre quieren volver nunca pueden ir, que se sepa.


Mañana es mejor.

martes, 22 de mayo de 2012

Las cosas que pasan

No hay males ni fortunas que no vengan si no se necesitan.
Lo que pasa está acá todo el tiempo, es la provocación de lo urgente, el llamado inconsciente de la realidad cuando precisa un cambio.
Las cosas que pasan, son lo que antes venía siendo sin verse.
Uno a veces putea diciendo tal vez: "Pero la puta madre que me parió, porque carajo me tiene que pasar esto a mi, y la concha de mi repustísima madre, estoy inundADO POR LA MIERDA DEL MUNDO!!!". Lo peor es que estamos acostumbrados a decir ese tipo de cosas cuando le pasa algo a alguien más, por ej. Se murió tu Mamá, de un cáncer fulminante en el páncreas, sufriendo como si en toda su vida hubiera sido una hija de puta y mereciera algún tipo de dolor insoportable como para empezar a pagar las cuentas, y nos preguntamos porqué nos pasó a nosotros. Le pasó a tu vieja la puta que te parió! preguntate mejor porqué le pasó a ella, o mejor, no te preguntes nada y solo asumí que ese tipo de cosas pasan porque el cuerpo es frágil y puede enfermar. Y si, los hijos de puta se mueren siempre más tarde, no por algo está ese refrán del culo pero cierto que dice que yerba mala nunca muere. Es como si el veneno neutralizara al veneno que trae la muerte y entonces Zas! zafas de esa muerte por un rato más. 

Las cosas no nos pasan porque somos el centro del universo y algún ente divino o de la suerte está ocupándose de cagarnos la vida. De hecho puede que si dejáramos de sentirnos el centro podamos visualizar un poco más claro que lo que pasa, es lo que tiene que pasar aunque joda.
Todo esto si pasa algo que consideramos malo, pero cuando nos pasa algo bueno no decimos nada no? nos hacemos los pelotudos, silbando para disimular, con miedo a que no sea eso lo que debería haber pasado, muchas veces con el culo sucio y mirando de reojo por si el destino se da cuenta y viene a sacudirnos para sacarnos lo que nos trajo.
Todo lo que pasa, pasa y no se cambia. Nos resta seguir adelante con todo lo que sigue estando. Ojo, que si no nos damos cuenta y nos subimos a ese bondi en los asientos que miran para atrás, se nos puede pasar de largo lo que viene y también lo que está.
No olvidar, pero tampoco no dejar partir.
Las cosas que pasan son las que nos tienen que pasar, hay algo allá afuera que todavía no pasó que nos da la cuenta de que lo que nos haya pasado nos dejó aprender, si supimos, para lo que viene.

lunes, 21 de mayo de 2012

Del amor y del odio


Del amor decantan las peores desgracias pero también lo mejor de riesgos y de triunfos.
Del odio salen a flote los mejores sentimientos contrarios y los peores decires de la inconsciencia.
Del  amor sale el fuego que quema un cuerpo y dos manos, pero también la sombra que cubre y refresca.
Del odio rebalsan impotencias que culminan en vidas acabadas pero también una consciencia de que los opuestos conviven inevitablemente.
Del amor pierden las almas eternas, pero gana la vida finita.
Del odio aprenden los que ya no creen en el amor y se encandilan y entonces ya no ven amor.

En el amor se encuentra odio.
En el odio hay amor infinito.

Del odio escapan verdades que irritan, ese es el intolerante.
Del amor decanta cual piedra en la arena el poeta de feria barata.
Del odio cae como fruto, en silencio, el silencio.
Del amor sobrevive la desdicha, que se aprovecha del esperanzado y lo cuela de sangre y anhelos.
Del odio se vienen acercando la verdad y la mentira.
Del amor se alejan a veces, la verdad, o la mentira.

En el amor de verdad está implícita la verdad, que puede parecer odiosa.
En el odio de verdad aparece la verdad, que no es de odio, tampoco de amor.


Un extremo tiene también todas las cualidades del otro.

viernes, 6 de enero de 2012

De abismos y de alturas (versión corta)

En reposo, estoy en el centro. Es bueno estar en el centro para mí, porque me da como posible, las opciones de poder ver hacia arriba y hacia abajo, y también y aunque a veces, me deja avanzar y retroceder, pero a no confundirme, que tales cosas como subir, bajar, avanzar o retroceder son relativas y podrían funcionar sin darme cuenta, con alguna reacción adversa.
Despojarme y revolcarme en cualquier abismo no es tarea fácil si soy de los comprometidos que siempre quieren tocar fondo porque son estos los que muchas veces terminan perdiendo, incluso más que el que no arriesga.
Es cierta la frase que dice que el que no arriesga no gana pero no en todos los casos, hay veces en las que los infelices, de ahora en más vamos a llamar así a los inconscientes, a los faltos de compromisos consigo mismo, consiguen la suerte de recibir, como una pelota que rebota en una pared y antes fue echada a la suerte por alguno del otro grupo, a la oportunidad, a la fortuna, al número ganador, aunque es bien cierto también que no siempre esta clase de gente está preparada para recibir semejante dicha y por esa razón, la termine perdiendo casi sin diferencias perceptibles entre estos y aquellos que decíamos que comprometidos, terminan perdiendo. La diferencia entre estos es el abismo mismo, más no se nota a simple vista.
Los que pierden pero consiguen mantener la voluntad fuerte siguen adelante, otros, mueren en el alma que es la peor de las muertes. Somos humanos y hay poco que hacer contra cosas de este tipo.
Dejarme ser es casi perder muchas de las veces, pero también es mucho para ganar.
En cuanto a ir para arriba, primero debería definir el concepto de ir para arriba y de apuntar hacia donde quiera ir. Ir para arriba es ascender de manera vertical o de otras maneras posibles, ese es un concepto fácil de entender en la práctica del cuerpo pero no tanto a la hora de a esto darle un sentido práctico para el espíritu.
Fácil se presta a cualquier confusión y mal manejo de las prestaciones de la suerte esto de subir o elevarse o crecer. A veces hacer este tipo de cosas es primero ir hacia abajo y hasta el fondo. Algunos, bien conocidos muchos de los casos, entienden a veces dando cuenta y otras no tanto, esto del progreso vertical, de manera que terminan con los bolsillos ricos pero con las almas pobres.
Me estoy diciendo que la puntería a veces falla y otras veces, son las personas las que apuntan hacia otras objetivos.
Ir hacia arriba es llenarme el alma, conocerme en espacios vacíos y a estos, darles de comer uvas y frambuesas, alumbrarlos con luces y porqué no con algunas certezas. Y aunque el verso no fue buscado por algo fue verso.
Ir hacia arriba tal vez quiera decir que debería procurarme amplitud, reflejos y conquistas. Siempre adentro mío, siempre entre todas las cosas que puedo ser.




martes, 1 de noviembre de 2011

Nunca en segunda

Me gusta hablar en tercera o en primera y nunca en segunda. Puede que vos no me gustes, entonces siempre imagino que sos él o que soy yo, porque en definitiva es posible que todos seamos todos en algún momento. Si hablo de grupos me gusta hablar de nosotros o de ellos o aquellos pero nunca de ustedes, aunque algunas veces pueda nombrarlos, ustedes seguro no van a gustarme, y tal vez sea probable que algún día todo eso que son ustedes lo seamos todos, y ahí, puedo entonces alejarme como suelo hacerlo en el pensamiento.
Me gusta ser yo o pensar que puedo ser él o nosotros juntos o que aquellos son el ideal de algo, pero no vos, ni ustedes, los desesperados, los por siempre desesperanzados. Malditos sean.

viernes, 21 de octubre de 2011

El Fracasado



Los fracasados siguen fracasando en el mundo hoy, solo porque sienten que el fracaso es dueño de sus vidas, pero son así, la suerte, la familia, y la manera de procesar experiencias los hicieron así. Casi como una maldición, repiten errores y caen en todas las trampas que el destino puede dejarle por delante. Ojo, no se confunda al fracasado con el que nunca tuvo una oportunidad, o tuvo pocas y ninguna que valiera la pena o le trajera la suerte de su lado. La desgracia llama desgracia, el fracaso y lo asumido de la persona en ese rol, trae fracaso.
No se venga creyendo que el fracaso no es un trabajo duro porque sí que lo es, si señor, el fracaso una y otra vez es para los que nunca se rinden, para los reyes ocultos, para las almas que tienen que aprender a los golpes el significado de algún triunfo al pasar.
Para fracasar hay que tener aguante. Aguante el aguante!
El fracasado es un luchador interminable y de una fuente casi inagotable de voluntad para seguir adelante y a través de sus derrotas en seguidilla.
El fracasado es el que más sabe de éxitos. Cuando consigue lograr algo, no lo siente como algo de todos los días y lo disfruta como tal. El ganador, en cambio, revela al éxito como algo cotidiano y va dejando que pierda importancia el hecho de salir victorioso. Cuando el ganador repite este tipo de actitudes a lo largo del tiempo cae en el pozo de las depresiones más grande y angustiante de todos: El inconformismo superficial.
El fracasado es el siempre dispuesto a intentar, el sin miedo, el arriesgado. Claro, todo fracasado conoce de desilusiones y una posibilidad nueva de llevarse una más no hace la diferencia y por eso es valioso en lo referente a los éxitos más grandes en la historia de la humanidad. Todo genio exitoso también formó parte del gremio de los fracasados.
En el conurbano Sur existió una vez un grupo llamado ¨los fracasados¨. Ellos se juntaban a evaluar las historias de fracasos en sus vidas y a intentar encontrarles la vuelta para al menos llevarse de cada una un aprendizaje.
El fracasado siempre vuelve al ruedo a intentar una vez más no caer del caballo que ya está cansado, pero que todavía puede dar batalla, y cae. Otra vez.
Fracasado, pero fracasado como quién lo nombra y se lo cree, es el que sabe callar cuando no tiene nada interesante y quién sabe perder. Saber perder es importante porque eso a la larga te hace ganar y ellos lo saben.
Los fracasados clásicos son cada vez más inteligentes, más no el fracasado pelotudo y tampoco el fracasado sin amor propio.
Hey fracasados!!! sigan así.
Ojo, estoy hablando del tema imaginando al fracasado de alma experimentada. No se vaya a pensar que meto a todos los fracasados en la misma bolsa. Como en todos los rubros como puede ser el de los ganadores, los conformistas, los intolerantes (ya vamos a hablar de estos), los poderosos, los talentosos o lo que sea que se quieran imaginar hay de todo: de sentimientos nobles, vagos, forros pelotudos, derrotados, desinteresados, interesados, perpetradores de planes de victoria o de pérdida, empecinados, confabuladores, espectadores, ensimismados… de todos.
Ninguna clasificación puede encerrar a los clasificados en la misma bolsa. O los porteños somos todos iguales? gracias a la suerte no soy igual a vos y vos tampoco sos igual al que tenés al lado y no podes ni ver. Imaginemos a un talentoso empecinado y a uno ensimismado. Es lo mismo? no, claro que no. El talentoso empecinado termina cayendo como el orto a todo el mundo, el ensimismado en cambio no le termina cayendo del todo a nadie porque es tímido hasta el punto de no comunicar absolutamente nada o muy poco.
En fin, solo usé a los fracasados de ejemplo, lo que quería decir es que lo que importa no es en que rubro podrías encajar, lo que me importa a mi es que tipo de gente sos. A mi me gusta la buena gente, los demás que se curtan solos.